¡Sí­ se puede!


Bajo este slogan desarrolló durante más de 18 meses su campaña polí­tica el senador demócrata Barack Obama, logrando esta semana convertirse en el presidente electo de los Estados Unidos de Norteamérica, con el apoyo de 338 delegados o electores según el sistema polí­tico de elección norteamericano. Adicionalmente, obtuvo el 52% del voto popular versus el 48% del voto popular y de 157 electores que lograra el senador republicano John McCain.

Juan Francisco Reyes López
jfrlguate@yahoo.com

El presidente electo Obama no es el primer polí­tico que utiliza dicho slogan. Alfonso Portillo y yo fuimos electos en diciembre de 1999, bajo este mismo concepto polí­tico, comprobándose con ello que la mayorí­a de la población se identifica con la esperanza de cambio. El voto es el poder de cada uno de los ciudadanos y lo motiva ejercerlo el deseo, la pretensión que se rompa el status quo, lo que implica que la mayorí­a de los ciudadanos desean qué no continúen las mismas circunstancias sociales, económicas y polí­ticas del respectivo paí­s.

Al analizar los estados, los delegados, la población que eligió presidente a Obama, nadie puede negar que son cuatro grupos: los afroamericanos, quienes como es natural y lógico se vieron motivados a registrarse y a concurrir como votantes en el mayor número que registra la historia democrática de Estados Unidos.

El segundo grupo es el de los jóvenes, la mayorí­a de los cuales no habí­a ejercido antes su derecho a votar y elegir. Buena parte de estas personas son estudiantes universitarios, personas a las cuales la discriminación, el rechazo a las minorí­as étnicas es cosa del pasado. El tercer grupo que le brindó su voto fue el de los trabajadores que representan en su gran mayorí­a la clase media en ese paí­s.

El cuarto grupo es el de los ciudadanos de origen latinoamericano. Sin este apoyo, Obama no hubiera obtenido los 55 electores de California, los 27 de la Florida, los 5 de Nevada, los 5 de Nuevo México y por consiguiente hubiera sólo obtenido 246 electores; por tanto, no serí­a el presidente electo de los Estados Unidos.

Los cuatro grupos que lo eligieron son igual de importantes. Sin embargo, el grupo que mayores probabilidades tení­a de no votar por Obama es el de los latinoamericanos; este grupo fue predominantemente seguidor de Hillary Clinton y si alguna circunstancia lo hubiera convencido y motivado a votar por McCain, los resultados eleccionarios hubieran sido otros.

Al restarle los electores de California, Florida, Nevada y Nuevo México, Obama hubiera tenido 246 electores y al sumarle esos estados a McCain, habrí­a logrado 249 electores, por lo que Nueva York, donde también existe una enorme concentración de población latinoamericana, hubiera sido el Estado que habrí­a decidido la elección a favor de uno o de otro. Siguiendo la tesis de que si los latinos se hubieran inclinado predominantemente a favor de McCain, al aplicar este criterio a Nueva York, McCain hubiera sumado los 31 electores de ese estado y con ello habrí­a logrado 277 delegados electorales; por consiguiente el presidente electo serí­a el senador republicano, John McCain.

En otras palabras, los latinoamericanos determinaron la elección de quién es hoy el presidente electo de los Estados Unidos. Este irrefutable hecho no debe olvidarse, en el futuro un latinoamericano será presidente norteamericano.