Qué mal ejemplo nos da la Corte Suprema de Justicia


El tí­tulo del presente artí­culo, denota el sentir de la población y en especial del gremio litigante que ve como una mala señal el hecho que la máxima autoridad del Organismo Judicial esté en una abierta y franca disputa de poder con objetivos marcadamente de í­ndole polí­tica o partidista.

Fernando Mollinedo

Para los allegados a los corrillos tribunalicios ya resulta hasta de mal gusto que los «honorables» magistrados denoten su intransigencia para no poder resolver el problema que los aqueja desde hace ya varios meses: LA HERENCIA DEL PODER.

¿Qué significa lo anterior? Pues… de forma simple, que hay dos grupos de polí­ticos ejerciendo acciones judiciales en la Corte Suprema de Justicia; circunstancia que no sólo es denigrante para ellos mismos pues también lo es para el Organismo Judicial en sí­.

¿Qué grandes y multimillonarios intereses se manejan en la Corte Suprema de Justicia, que esa lucha por el poder anual no llega a su fin? El hecho de ser magistrados deberí­a tener a los integrantes de la Corte en una situación honorable de PROBIDAD, RESPETO, EJEMPLO, CORDURA, SENSATEZ y no lo contrario que están mostrando: EL COBRE del poder.

¡Qué lástima! que a estas alturas las personas integrantes de la Honorable Corte Suprema de Justicia, se están comportando como tí­teres de los intereses polí­ticos de las organizaciones denominadas PARTIDOS POLíTICOS; vox pópuli se rumora que son cantidades navegables las que están en juego para asegurar fallos a corto y mediano plazo.

¿Se podrá seguir confiando en la impertérrita e incólume conducta personal y laboral de los «honorables» magistrados con estas muestras de falta de criterio y división polí­tica que están demostrando ante la población?; ¿o será que van a mantener el «apretacanuto» por el poder en forma indefinida?, ¿a quien daña ese tipo de conducta, y a quién favorece ese tipo de conducta?

¿Tan súper millonarios son los intereses económicos como para mantener esa situación por largo tiempo? También a ellos habrí­a que ponerles un alto de forma legal, PERO? ¿QUIí‰N LO HACE? El Procurador General de la Nación quiso hacerlo pero sin fundamento jurí­dico, por lo cual su acción fue «nula ipso jure».

Pero, redondeando el asunto; «Â¿Qousque tandem, Catilina?»

La conducta de los magistrados también contribuye a la desestabilización de la sociedad, no es posible que con tanta violencia, criminalidad, delincuencia común, organizada y de los funcionarios de Estado, estos señores contribuyan con sus acciones a «echarle más leña al fuego» de la discordia y mantener ante la población una imagen de AVAROS íMPROBOS EN POS DE QUIí‰N SABE CUANTAS Y CUALES REGALíAS. ¿O debemos resignarnos y aceptar que: ¡Such is the life in the tropic!