El presidente de Taiwán, Ma Ying-jeou, hizo historia al recibir hoy a un alto representante de China por primera vez desde el fin de la guerra civil que dividió al país en 1949, mientras miles de encolerizados manifestantes antichinos paralizaban a la capital de la isla.
Los manifestantes, mayoritariamente partidarios de la independencia de la isla, llenaron la plaza que se encuentra frente a las oficinas presidenciales en el centro de Taipei agitando carteles contra la visita del emisario chino, Chen Yunlin, y haciendo sonar bocinas.
Ma se entrevistó con Chen, el funcionario chino de mayor jerarquía que visita Taiwán desde que la isla se separó de China al terminar la guerra civil, durante unos cinco minutos hoy por la mañana.
Se trató de la primera reunión entre un líder del Taiwán democrático y un alto funcionario de China, que continúa reclamando la soberanía de esta isla, a la que considera como una provincia rebelde que está dispuesto a recuperar por la fuerza, si es necesario.
Chen llegó el lunes para una visita de cinco días, y al día siguiente firmó acuerdos con su homólogo local que significan un acercamiento económico de estos dos ex enemigos y que a largo plazo podrían llevar miles de millones de dólares a Taiwán.
Ambas partes hicieron esfuerzos colosales para evitar los temas políticos, pero en Taiwán muchos temen que la política de acercamiento con China de Ma ponga en peligro la autonomía de la isla.
Algunos manifestantes se enfrentaron a la policía mientras trataban de atravesar las barricadas de alambres de púas, y la televisión indicó que al menos dos hombres fueron arrestados por presuntos ataques contra las fuerzas del orden.
Los organizadores afirmaron que había unos 100 mil manifestantes. La policía de Taipei no pudo dar una estimación de la multitud, pero señaló que unos 3 mil oficiales fueron desplegados para contener a las masas.
Los manifestantes estaban furiosos porque la reunión de Ma con Chen había sido adelantada varias horas, luego de las escaramuzas que se registraron ante un hotel de Taipei el miércoles al anochecer que impideron la salida de Chen hasta hoy de madrugada.
Hoy, en un acto transmitido en directo por la televisión, Ma recibió a Chen en una residencia gubernamental para huéspedes protegida por fuertes medidas de seguridad.
Ambos evitaron dirigirse formalmente a su interlocutor, lo que permitió que Chen no tuviera que elegir entre llamar a Ma «señor» o «presidente», una cuestión políticamente delicada para las dos partes, que no reconocen formalmente a la otra.
Al referirse a los 60 años de hostilidades entre Pekín y Taipei, Ma pronunció un breve discurso señalando que los acuerdos económicos que acababan de firmar «simbolizan un importante paso adelante para los vínculos a través del Estrecho» de Taiwán.
«No podemos negar que todavía existen diferencias y desafíos, como la seguridad de Taiwán y la posición de Taiwán en la comunidad internacional», dijo el presidente taiwanés.
«En el futuro, ambas partes deben ver la realidad y no deberían negar la existencia de la otra, para promover el bienestar del pueblo y la paz a través del estrecho y resolver nuestras diferencias», agregó.
Funcionarios de la Asociación para las Relaciones a Través del Estrecho de Taiwán (ARATS) de Chen afirmaron que una conferencia de prensa prevista al mediodía (hora de Guatemala) había sido cancelada debido a un «problema de horarios».
Por su parte, China pidió al presidente electo de Estados Unidos, Barack Obama, que no apoye la independencia de Taiwán.
«Instamos a Estados Unidos a respetar sus compromisos (…), a respetar la política de «una sola China» y dejar de vender armas a Taiwán», afirmó hoy el portavoz del ministerio chino de Relaciones Exteriores, Qin Gang.