Todas las personas necesitamos establecer vínculos con otros seres humanos, dentro de las relaciones de pareja en especial estos vínculos se convierten en amorosos.
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Uno de los mayores problemas en la sociedad es que las personas hemos aprendido a desconfiar y muchas veces no nos interesa mantener vínculos humanos. Aún en las familias es difícil mantener contacto, un buenos días, ¿Cómo te fue?, ¿Qué tal estas?, si bien se dicen pareciera más bien un ritual de cortesía que un genuino acercamiento a la otra persona. Y entonces nos ignoramos unos y unas a los otros, no logrando provocar lazos de unión y solidaridad.
Los vínculos afectuosos forman parte de las relaciones interpersonales y contribuyen a su bienestar o infelicidad de cada día. Como terapeuta es muy importante establecer vínculos con las personas que acuden a mí. Que denoten autenticidad, aprecio, seguridad en nuestra relación como médica/paciente.
Hay quien sufre porque no puede vincularse y lo desea, o porque se vincula mal, o con altos precios y con dolor.
Una terapeuta sexual española define que la dificulta de vivir el amor se concreta en dos grande apartados:
a) la falta de amor a sí mismo.
b) No saber dar y recibir amor en relación a los demás.
El amor a sí mismo es un aprendizaje esencial. No se puede dar lo que no se tiene, ni enseñar lo que no se sabe. El amor y respeto a sí mismo ayuda a amar y respetar a los demás. La persona que no se ama tiene dificultades para aceptar ser amada; cuando se le ama, no se lo cree y de un momento a otro espera ser abandonada. Ya que carece de una adecuada autoestima para considerarse valiosa.
Alguien que se percibe como no digna/o de amor, fácilmente crea dependencias de quien se lo ofrece. Y constantemente se pregunta ¿Quién me va a querer?
Es difícil hablar del amor, porque su definición es muy amplia y abstracta. Habiendo cosas en la vida que nos impelen a vivirlas para ser comprendidas. Una de ellas es el amor.
La seducción ha sido considerada un mal en nuestra cultura, desde la historia de que Adán fue seducido por Eva, para tomar una manzana del árbol prohibido. Tengo una amiga que refiere que no fue una manzana, sino un mango. El mango emana un olor intenso, nos entra por los ojos, su sabor es penetrante, es una fruta tropical y de alguna manera más erótica que una manzana (pero estos son comentarios de más). La verdad es que la seducción es parte de quienes somos, manifestación de nuestra propia historia de vida de una identidad, y la búsqueda intencionada de atracción erótica, amorosa, amistosa.
Para seducir hacemos gestos, decimos cosas, nos comportamos de tal o cual forma, a veces resulta, otras no. Debido a que no podemos ser seductores a todo el mundo.
La seducción es lo que hacemos, como una búsqueda de reconocimiento y valorización por parte de los demás.
El deseo de seducir no siempre se dirige a alguien real. Puede estar dirigido al reconocimiento social e inclusive a alguien fantaseado.
Hemos de aprender a decir sí cuando así lo deseamos, y no cuando queremos decir que no, y recíprocamente aceptar como válido lo que la otra persona nos dice.
Hay quienes no desean conocer la realidad sino continuar enamorados de la propia fantasía. El poeta Ibn Arabí habla de un estado de amor que llama «El amor del amor» Consiste en «preocuparse por el amor hasta el punto de olvidarse de la persona amada»
Un vínculo amoroso sano es aquel capaz de unir a dos seres que se aman, fusionarse pero también puede mantener su individualidad y no teme a la separación. No vive el amor como un liquen, no persigue apropiarse de la otra persona para su propia subsistencia, si no que le ayuda a crecer, a creer en ella misma, a autorrealizarse sin desconfiar o angustiarse en el momento de su separación. Hemos de ser capaces de fusionarnos y separarnos dentro de nuestra relación de pareja.