Obama


Curiosamente, el Presidente electo de los Estados Unidos, lleva un nombre y un apellido que de alguna manera se asemejan o recuerdan a dos que más terror causan a los funcionarios estadounidenses y en particular a George W. Bush, hijo: Barack Hussein Obama, lo que nos recuerda al ex dictador iraquí­, Sadam Hussein, quien fue seleccionado como motivo para invadir su paí­s y adueñarse del petróleo de sus conciudadanos y al terrorista Osama (una letra cambia), bin Laden, ingratamente recordado por los actos sangrientos que ha provocado, incluyendo el de las Torres Gemelas. Son cosas del destino dirí­a yo.

Héctor Luna Troccoli

Pero contrario a Hussein y Osama, el nuevo presidente norteamericano, no solamente es un hombre dueño de una personalidad y un carisma que nos hace, como en mi caso, admirarlo, sino que, entre otras cosas, en la prestigiosa Universidad de Harvard sacó su licenciatura en leyes y se recibió como Doctor en Ciencias Jurí­dicas, con una nota «Magna Cum Laude», imitada por la Marro, aquí­ en nuestro paí­s.

Además de ello estudió ciencias polí­ticas, surgió de un padre inmigrante de Kenia y una madre blanca norteamericana y encima de ello nació, no en alguna de las urbes de Estados Unidos, sino en ese paraí­so maravilloso que es Hawai, en donde por cierto, su abuela, que acaba de fallecer, fue la primera mujer Vicepresidenta del Banco de Hawai y la cual influenció mucho en su vida. Su esposa, también afroamericana, estudió Derecho nada menos que en Princenton y Harvard.

Es el primer hombre de color que en casi 250 años de vida de esa nación llegará, el 20 de enero a ocupar el Salón Oval de la Casa Blanca en Washington y al menos, hemos observado en él una verdadera consistencia de lí­der, de luchador y además de eso inteligente.

Como lo dije hace más de un mes en donde aseguraba el triunfo de Obama, me congratulo por su elección, sin que ello signifique una euforia irreflexiva, en particular, porque no creo que haya muchos cambios en polí­tica exterior, al menos durante su primer perí­odo, en particular en sus relaciones con América Latina y el trato hacia los migrantes.

Su primer reto, como es lógico, es aliviar la crisis financiera y económica por la que atraviesan sus connacionales y que seguramente tendrá coletazos hacia nuestros paí­ses, aspectos sociales dirigidos a la clase media y baja de los Estados Unidos será, creo yo, la primera tarea a emprender.

Lo segundo será tratar de componer las «metidas de pata» que su antecesor tuvo durante los ocho años de su mandato, tal como la guerra de Irak y una que otra incursión por los paí­ses orientales. Creo que Obama no sólo tendrá que cambiar, a los Estados Unidos en muchos aspectos (como fue el lema de su campaña), sino que además tendrá que reconciliarlo ante varios paí­ses del mundo, a los que Bush, desde su posición antimigrante, hasta su espí­ritu de procónsul imperialista, produjo muchas heridas, al grado que en la última encuesta sobre su popularidad hace unos 10 dí­as se situaba en una aprobación de apenas el 23 %, ¡increí­ble!, un punto abajo de Richard Nixon, quien ostentaba, incluso en las caricaturas, el tí­tulo del peor presidente de los Estados Unidos.

La llegada de Obama al máximo sitial de la nación del norte es de por sí­ un cambio importante, no sólo en su paí­s, sino para el resto del mundo, porque demuestra que un hombre joven, honrado, incansable y luchador puede lograr lo que nadie se imaginaba: que un hombre de color llegara a la Presidencia respaldado abrumadoramente por sus conciudadanos que dieron, como regalo, el control demócrata en el senado y la cámara de representantes, lo cual le puede dar al presidente Obama una mayor posibilidad de maniobra en sus proyectos y programas polí­ticos, esperando que con su inteligencia pueda escoger un gabinete que sea su apoyo constante en su trabajo.

El joven abogado tendrá la necesidad de salir al paso a los problemas domésticos que no podrán resolverse en un lapso muy corto, sino tendrán que ser objeto de medidas al corto, mediano y largo plazo. Este es el momento de hacerlo, porque el Presidente electo despertó, por así­ decirlo, el alma de los Estados Unidos que pudo haber vivido en Abraham Lincoln y Jhon F. Keneddy.

Me alegra ese cambio. Sé que las expectativas para nuestros connacionales sobre un mejor trato para quienes llegan en busca del sueño americano, no tendrá un impacto inmediato, pero creo que la situación podrí­a mejorar en el futuro, que hoy por hoy, constituye una de las principales tareas de cabildeo que deben hacer, a partir de enero del 2009, nuestros gobernantes latinos, particularmente México, Guatemala, Honduras y El Salvador, que son las naciones que más indocumentados aportan a la fuerza laboral norteamericana y que encima de que sus empleadores les dan malos tratos y les pagan poco, el gobierno de Estado Unidos se encarga de sacarlos a que se mueran de hambre.

La llegada de Barack Obama es una parte de la historia contemporánea y para muchos de nosotros, la sola salida de George Bush es puritita ganancia…