De Londres a La Habana, pasando por una pequeña aldea de pescadores en Japón y un pueblito soñoliento de Kenia: en todos los continentes, partidarios de Barack Obama festejaron su elección a la presidencia de Estados Unidos.
Kogelo, la aldea de Kenia donde viven la abuela paterna, amigos y parientes de Obama, recibió hoy con cantos y bailes la noticia y el gobierno nacional declaró un día feriado para celebrar el «histórico» evento.
«El senador Obama es nuestro nuevo presidente. Dios respondió a nuestras plegarias», comentó un pastor en medio de los cantos de alegría de una coral.
En Nairobi, un centenar de personas se congregaron en la explanada de un centro de conferencias, saltando y gritando «Yes, we can» (Sí podemos), el lema de la campaña de Obama, al ritmo reggae de una célebre canción keniana en favor del candidato demócrata.
En el centro de Madrid, cientos de estadounidenses y españoles celebraron la victoria de Obama. «Obama es cojonudo, como Obama no hay ninguno», coreaban residentes estadounidenses en España acompañados de simpatizantes españoles.
«Esta victoria nos hace mucho bien», exclamó Roselyne Ayaro, agitando una foto del candidato vencedor.
En Londres, estadounidenses bebieron cervezas y comieron perros calientes en el bar Yates, en lo que se convirtió en la mayor fiesta electoral en la capital británica después de la de la embajada de Washington.
«Será bueno tener un presidente que es celebrado cuando viaja al extranjero y a cuya efigie no se le prende fuego», dijo uno de los festejantes, David Grey.
En Obama, una antigua aldea de pescadores en el mar de Japón, los habitantes se vistieron con faldas hawaianas y bailaron para festejar el triunfo de Obama, que nació en la isla de Hawai.
«Estoy muy emocionado porque Obama tiene el nombre de nuestra localidad», dijo uno de los habitantes, Masayo Ishibashi.
En Berlín hubo una gran fiesta en el bulevar Unter den Linden, a unos metros de donde Obama se dirigió en julio a una multitud de 200.000 personas congregadas para escuchar un discurso lleno de esperanza y visión de futuro.
En Manteng, Indonesia, en la escuela donde estudió durante unos años Obama, se suspendieron las clases el miércoles de mañana para que 250 alumnos pudieran seguir en directo la velada electoral. «Â¡Obama ganó! ¡Obama ganó!», cantaron en cuanto se anunciaron los primeros resultados.
«Â¡Estamos orgullosísimos de él!», afirmaron los amigos de infancia de Barack Obama en Indonesia, pues hace 40 años, cuando compartían los bancos de la escuela, «Barry» ya les había dicho que quería ser presidente.
En París, los estadounidenses se reunieron, como lo hacen todos los años en la noche electoral, en el Harry»s bar, uno de los preferidos del escritor Ernest Hemingway, mientras en otros bares y cafés cientos de franceses seguían en las pantallas de televisión la cobertura electoral.
«No podía perdérmelo. Es histórico. Un sueño hecho realidad», dijo Herve Moussakanda, aclamando la llegada del primer negro a la Casa Blanca.
En Afganistán, soldados en la base aérea Bagram se congratularon por la victoria de Obama, que dijeron no va a debilitar su misión a derrotar a los talibanes.
En Irak, la otra guerra que Obama herederá de Bush, soldados estadounidenses negros y trabajadores civiles se congratularon de la victoria de Obama en una base cerca de Tikrit, la ciudad natal del ex dictador Sadam Husein.
«Al fin tenemos a nuestro primer presidente afroamericano», se ufanó Kareem, originario de Houston, Texas. «Los bancos tuvieron 43 presidentes, por fin nos dejan tener uno», agregó con una gran sonrisa el hombre de 50 años.
A unos kilómetros de Florida, en Cuba, los habitantes pasaron horas pegados a sus aparatos de televisión, algunos captando canales estadounidenses ilegamente, mediante atélite.
«Impresionante, estábamos esperando el resultado. Esperemos que las cosas empiecen a cambiar», declaró una estudiante de derecho de 32 años, que se enteró del triunfo de Obama por un vecino que tiene cable ilegal, en un barrio del oeste de La Habana.
En algunos hoteles o centros nocturnos de la capital cubana, con televisión por cable, empleados y turistas estaban pendientes de los resultados. «Vamos a ver qué va a pasar con Obama, pero para mí no va a cambiar nada. Esperemos que haya algo que mejore», afirmó un empleado de hotel del sector de Miramar.
Los bares de Pekín también estaban llenos y se ofrecían cócteles de color azul o rojo, representando a ambos candidatos, el demócrata Obama y el republicano John McCain, mientras en la meca del cine, Hollywood, en California, la gente se abrazaba como si fuera la medianoche del Año Nuevo, para festejar el fin de la era Bush.