Ya no hay sueño americano


Los paí­ses del ex bloque comunista que adhirieron a la Unión Europea (UE) recibieron todas las atenciones del presidente estadounidense George W. Bush y de su gobierno, pero se desprendieron de la influencia de Washington a medida que afianzaban su integración continental.


Aunque recorrió esta región de Europa infatigablemente, el fin del mandato de Bush no entristece a nadie. Su Partido Republicano no goza del aura que tení­a en esta zona hace cinco años.

Al igual que en Occidente, la mayorí­a de los europeos del Este preferirí­a que el demócrata Barack Obama llegase a la presidencia, en lugar del republicano John McCain.

Según una reciente encuesta, si tuvieran la posibilidad, el 62% de los polacos votarí­an por Obama, contra sólo 38% por McCain.

No obstante, ningún paí­s del Este de la UE es dominado por la «Obamaní­a» que pudo observarse en Alemania.

«La atracción de Obama en Occidente es directamente proporcional al rechazo instintivo y casi natural de la presidencia de George W. Bush», declaró a un diario polaco Maciej Golubiewski, un analista del Instituto Sobieski.

Hace cinco años, justo antes de la guerra en Irak, el secretario norteamericano de Defensa, Donald Rumsfeld, inventó con éxito el concepto de «Nueva Europa» para elogiar a paí­ses muy pro norteamericanos luego de décadas de dictadura comunista. En cambio, criticó enérgicamente a la «Vieja Europa», mayoritariamente opuesta a una guerra que consideraba muy peligrosa.

Sin embargo, desde entonces la mayor parte de los paí­ses poscomunistas entró en la UE y en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). A partir de ese momento, su polí­tica exterior se europeizó. Dentro de la UE, paí­ses como Polonia e incluso la pequeña Lituania aprendieron a participar en la toma de decisiones haciendo respetar su punto de vista, fundamentalmente respecto a Rusia.

Tanto en Parí­s como Berlí­n, los temores de que surgiera un activo bloque pro estadounidense dentro de la UE desaparecieron.

Desde la ampliación hacia el Este, el dinero de la UE corre a raudales en esa dirección, aumentando directamente los ingresos de los agricultores y permitiendo la construcción de rutas y autopistas modernas.

«Somos cada vez más pro europeos porque los polacos observan las ventajas directas vinculadas a nuestra adhesión a la UE, es natural. Lo que está cerca provoca simpatí­a», afirmó Zbigniew Pisarkski, un politólogo que dirige la Fundación Casimir Pulaski.

La prolongada guerra en Irak desacreditó al presidente George W. Bush. Y la insistencia de su gobierno en instalar elementos de su escudo antimisiles en Europa central también afectó al sentimiento pro norteamericano.

Sin embargo, en esa zona de Europa, Estados Unidos sigue siendo sinónimo de seguridad ante una Rusia que la traumatizó imponiéndole el comunismo durante casi medio siglo.

«El pro americanismo existe en función del análisis del riesgo. Cuanto más amenazadora se muestra Rusia, más pro estadounidenses son los letones», explicó el politólogo letón Peteris Vinkelis.

La amenaza rusa es lo que otorga cierto crédito a John McCain entre las elites polí­ticas de Europa central. «En los Paí­ses Bálticos, es lógico que sean más favorables a McCain», subrayó Annette Heuser, de la Fundación Bertelsmann.

«Barack Obama no se expresó mucho sobre Rusia. Se ha mostrado muy diplomático. En cambio, McCain apoyó enérgicamente la democratización en Europa del Este durante todos los años del poscomunismo», agregó.