Buenos… para nada


Tení­a previsto escribir sobre la noche de brujas -salud-, y expresar mi gusto por ese dí­a al que muchos satanizan, cosa que no discuto, cada quien, cada cual…, los disfraces y ese compartir con los ocupados amigos. Querí­a hablar también del 1 de noviembre y el fiambre, el dulce de ayote, los barriletes de Santiago Sacatepéquez y de Sumpango, los cementerios -que cómo visito- recién pintados, tapizados de flores, los recuerdos, que se vienen en esta fecha aunque igual estén presentes las personas cada dí­a. Hablar de las costumbres, de cómo se traspasan de padres a hijos, de esas imágenes transferidas por mi mamá -la luna llena en Flores, el ixpasa para la calavera, los bollos de carne picada y las toronjas caladas con una vela adentro (ven, no todo es importado).

Claudia Navas Dangel
cnavasdangel@yahoo.es

Pero el agobio del tráfico, que últimamente me parece más pesado, los ABUSOS de los camioneteros, por suerte a los camioneros ya casi no me los topo, la forma en que embisten a vehí­culos más pequeños, cómo arrancan cuando la gente aún no ha bajado, cómo paran irresponsablemente en el carril de en medio o se pasean por el carril izquierdo haciendo con sus «colegas» casi sándwiches a otros carros.

La forma irresponsable de conducir de algunos motoristas, a los cuales, quizá por considerar indefensos, porque muchas veces llevan pasajeros sin casco o porque tengo amigos que se conducen y otros que lo hací­an así­, evito o cedo el paso.

Y peor aún, los de Emetra, he hablado ya de ellos antes, que entorpecen todo, que causan más gasto (para qué existen semáforos pues), que también ocasionan más colas, que paran en horas pico, que jamás están cuando los ya mencionados camioneteros hacen de las suyas o cuando llueve o que simplemente estiran la mano, y los he visto, ahí­ por el Trébol recibiendo de los choferes un billetito para que la multa no sea efectiva, me tienen harta.

Sí­, estoy cansada de lidiar con ellos cada dí­a, de ver los grandes tambos naranja en la Roosevelt a medio carril y a los policí­as pensando en el vuelo de esas moscas que los acechan, quien sabe por qué, en lugar de quitarlos. Aburrida de ver bollas (sapos) hoy y mañana ya no (vaya gasto, dicen que cuestan ya puestos como Q80), reductores de velocidad que nadie respeta y que sólo arruinan las llantas y calles y avenidas llenas de hoyos.

Fastidiada, irritada, desesperada, enferma de los nervios, gastando gasolina en exceso, quitándole horas al sueño y a los afectos, todo por el tráfico, por los abusos y por las «autoridades» de adorno que tenemos.