En términos generales, en los países latinoamericanos la Prensa suele enarbolar la bandera de su independencia absoluta respecto a los partidos políticos, sobre todo durante los procesos electorales, tanto en lo que se refiere a su función puramente informativa como en lo que atañe a su línea editorial.
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Argumentan los editores que los diarios impresos no deben volcar su apoyo a ninguna corriente política, menos a determinado candidato presidencial o aspirante a otro cargo de elección popular, porque de esa manera, permaneciendo al margen de las luchas partidistas, mantienen su ecuanimidad y objetividad, para servir con imparcialidad y sin ningún sesgo a sus lectores, de tal manera que no se comprometen explícitamente con ninguna plataforma electoral.
Sin embargo, la mayoría de los diarios de América Latina, especialmente los que cargan tras de sí muchas décadas y a veces más de un siglo de existencia, tienden a identificarse con postulados conservadores, derivado de sus propias estructuras ligadas al establishment, por lo que procuran contribuir a mantener el status quo.
De esa cuenta, su línea editorial y hasta sus páginas informativas implícitamente privilegian a organizaciones políticas y a sus candidatos -durante los períodos eleccionarios- de orientación derechista o de un indefinido centro ideológico, en detrimento de fuerzas partidistas consideradas de izquierda, sobre todo si éstas carecen de sustentación popular y se reducen a pequeños grupos contestatarios, como ocurrió en Guatemala durante el proceso de las campañas de proselitismo electoral del año anterior.
No sucede lo mismo en Estados Unidos, una de cuyas particularidades en procesos electorales consistente en que los diarios recomiendan a quién elegir, bajo el precepto de que es responsabilidad democrática de la Prensa orientar al público e incentivar el debate, según opina Ricardo Trotti, en uno de sus recientes artículos publicados en El Nuevo Heraldo, de Miami, quien señala que este ejercicio -con más adherentes que detractores- es una larga tradición de los periódicos que en el actual proceso eleccionario norteamericano se han volcado 3 a 1 a favor de los demócratas, cosechando el candidato Barack Obama el apoyo de 127 diarios contra 49 para el senador John McCain.
Esos medios que han respaldado a uno u otro aspirante a suceder al presidente George W. Bush, tienen el suficiente valor cívico y la honesta convicción de expresar explícitamente su posición editorial, aunque sus páginas informativas continúan siendo equitativas al incluir noticias de ambos candidatos, sin estar ocultando sus preferencias electorales, como ocurre en otras latitudes del continente americano.
Conviene advertir que la posición de los editoriales presupone que debe estar fundamentada en un escrutinio permanente y responsable de los candidatos, fuera de que no siempre los editores de opinión y los dueños de los diarios coinciden con sus periodistas.
Sin embargo, los editoriales de apoyo no garantizan una elección. En respaldo a esta tesis sustentada por Trotti, un estudio del Pew Center for the People and the Press calcula que esa influencia es sólo del 7 % sobre el electorado, y si a eso se le suma que la credibilidad de la prensa norteamericana en general decreció del 27.4 % al 19.6 % desde el año 2003, según un sondeo de la Sacred Heart University, queda demostrada la poca trascendencia que un editorial tiene en la soledad de las urnas electorales.
Según el analista Trotti, al revisar alrededor de 30 editoriales de diarios inclinados hacia los demócratas, los denominadores comunes son el talante y el talento del senador Obama, las políticas continuistas del republicano McCain; pero, sobre todo, la pésima decisión de éste de haber escogido a Sara Palin como candidata vicepresidencial, blanco de ácidas críticas mediáticas.
Es una realidad, entonces, que la mayoría de la Prensa de Estados Unidos -a pesar de sus propietarios conservadores- está alineada a la ideología liberal, como ocurre con los prestigiosos The Washington Post, The New York Times y The Miami Herald.
(Romualdo Tishudo se ha dirigido a los vecinos de Palín, para explicarles que la gobernadora Palin no es originaria de ese municipio de Escuintla)