La polémica es conveniente cuando quiere ponerse en el tapete de la opinión pública algún tema que, por lo general, pasa poco advertido o totalmente inadvertido. Y eso es lo que ha generado la aparición, hace ya tres semanas, de sendas mantas de vinilo en la cara frontal del Guacamolón con los rostros de Oliverio Castañeda de León, Jacobo Arbenz y Juan José Arévalo junto a un hermoso poema de Luis de Lión. Opiniones de reporteros y columnistas no han sido pocas, abundantes han sido también las posiciones públicas de organizaciones sociales, poco visibles, porque la cobertura de los medios masivos de comunicación es reducida y a veces nula.
Las apreciaciones de esta acción gubernamental van desde el sarcasmo y la condena provenientes de los sectores más reaccionarios y oscuros del país, aquellos que manejados por el gobierno gringo, ejecutaron la contrarrevolución en 1954; pasando por manifestaciones de apoyo y beneplácito por traer al presente un pasado heroico que no debe olvidarse y que puede ser fundamento de una verdadera guatemalidad; hasta las posiciones de los grupos de izquierda (política y social) que se mueven entre sentimientos encontrados de nostalgia, aprobación, y en ocasiones rechazo al considerar un uso maniqueo de los símbolos de la revolución.
A mi me gusta lo estético y lo simbólico de las fotografías. Media hora sentado en las bancas de la plaza central o en las gradas del Portal del Comercio, pueden ilustrar el efecto primero que causa en todo transeúnte que camina por el centro del Centro Histórico. Comparto los análisis que alertan sobre que este gobierno no es, ni será, el tercer gobierno de la revolución; que las ideas y principios de Arbenz, Manuel Colom Argueta y Oliverio, no son los que rigen la dirección de las políticas públicas actuales. La constitución del gobierno de la UNE es muy heterogénea pero es evidente que priva un impulso de los intereses del gran capital sobre la base de medidas neoliberales. En la Revolución de Octubre del 44 actuó de manera contundente el Estado como regulador del uso y acceso a los medios de producción. El Gobierno de ílvaro Colom está a cargo de un Estado sumamente débil sin la capacidad coercitiva que se ejerció hace más de medio siglo para impulsar el Decreto 900, Ley de Reforma Agraria. Un gobierno desnutrido dominado por los intereses empresariales y del crimen organizado no puede constituirse en la continuidad de la primavera democrática.
Lo que me parece justo resaltar es la acertada acción de algunas instituciones gubernamentales por impulsar, en la medida de lo que permite un gobierno como éste, la recuperación de la memoria histórica revolucionaria de forma masiva, frente al monopolio privado de los medios de comunicación que llama falazmente liberación, a la traición vende patria de los contrarrevolucionarios. A la familia de Oliverio le fue solicitado su permiso para el uso de la imagen del líder estudiantil y la entrega póstuma de la Orden del Quetzal hecha efectiva a su señora madre fue un acto por demás justo y necesario. Acá me uno a las voces que señalan que aunque bueno, no es suficiente y que los procesos de investigación, juicio y castigo contra los asesinos de Oliverio y de otros miles de guatemaltecos y guatemaltecas deben producirse para lograr un verdadero resarcimiento.
Con fotos inmensas no se hace la revolución, pero es posible que 4 años de mensajes y símbolos revolucionarios en televisión y en las calles, preparen ciertas condiciones subjetivas y generen un imaginario crítico que por ahora no se han logrado construir desde las acciones del movimiento social y popular. La tarea del pueblo organizado es salir de la marginalidad y ser nuevamente protagonista. La crisis mundial del modelo económico y las fotos de revolucionarios en el parque central son elementos que deben ser usados de manera inteligente para construir correlación de fuerzas y hacer que la utopía vuelva.