Es indudable que durante las últimas décadas alcanzó una enorme influencia la corriente neoliberal que es la etapa salvaje del sistema capitalista, bajo cuyo alero se ha concretado en muchos países de América Latina la desregulación de virtualmente todas las actividades principalmente de la economía, de las finanzas y el comercio, la eliminación o reducción del sector público y la suspensión de los obligaciones estatales, no para beneficio de la sociedad, sino para favorecer a ciertas camarillas. Se trata de una especie de Golpe de Estado en contra de los pueblos y en contra de la democracia.
En Guatemala el desmantelamiento del Estado se inició durante el primer gobierno del PAN encabezado por el empresario ílvaro Arzú, quien impulsó el despojo de las principales instituciones que eran parte importante del patrimonio de los guatemaltecos como la Empresa de Telecomunicaciones y la Empresa Eléctrica. El Estado no sólo perdió el control de esas áreas estratégicas, sino que desde entonces las tarifas se dispararon para arriba en forma grosera empobreciendo más al pueblo con un servicio que deja mucho que desear.
Ayer martes la agencia de prensa argentina, Argenpress, difundió un interesante análisis sobre el tema del neoliberalismo escrito por el periodista Jorge Gómez Barata, el cual aporta muchas luces para comprender en mejor forma las consecuencias negativas que para los habitantes de la región ha tenido ese régimen económico y político. Dice que el neoliberalismo elevó a rango de doctrina, codificó y santificó las ilegitimas aspiraciones de individuos y corrientes políticas de controlar los resortes fundamentales del Estado, privarlo de su esencia social y convertirlo en instrumento de determinados grupos.
Gómez Barata recuerda que al adueñarse del poder por medios violentos o fraudulentos, las dictaduras destituyen las autoridades legítimas, disuelven, declaran en receso o condicionan la actividad de los parlamentos, controlan al poder judicial, amordazan a la prensa, secuestrando la estructura estatal. La novedad en la imposición neoliberal es que el asalto y el secuestro de las instituciones de las naciones y de sus estados, ha tenido lugar sin alterar de modo visible los mecanismos de la democracia formal. Así ha ocurrido en América Latina y así se repite en los Estados Unidos.
El columnista de Argenpress subraya que al Presidente Bush y a la camarilla neoconservadora que lo acompañó en la aventura de desregular la economía y las finanzas estadounidenses para beneficiar a grupos y capillas neoconservadoras, debe reconocérseles el talento para manipular los fenómenos como «el terrorismo y la bonanza económica norteamericana».