Nuestra sociedad ¿Cómo le entramos?


Hablar sobre transformar nuestra sociedad y construir un mundo más justo, pero en la concreta, es una tarea bastante aventurada, difí­cil de ahondar por etapas predefinidas, y lejos de abordar sin toparse con más de algún vací­o.

Juan Pablo Ozaeta

Pero en el afán de ir construyendo alternativas, deseo hacer mención de algunos puntos que son necesarios rescatar y de algunas lecciones aprendidas tras un recorrido -quizás no tan largo- en espacios colectivos.

La frase de San Pablo me parece muy valiosa para dos temas sobre los cuales quisiera reflexionar. Para hacer este mundo más justo ¿toda la gente debemos hacer lo mismo? Y por otro lado, ¿un mundo más justo será aquel que sea igual para todas las personas?

Para algunas personas podrí­a parecer obvia la respuesta, pero en la práctica he observado que no está muy claro. La respuesta relacionada al papel que cada persona juega en la sociedad tiene dos direcciones. Una, hacia quienes asumen alguna participación en espacios sociales y polí­ticos. Otra para quienes sólo trabajan por su propio bienestar -o sobrevivencia- y la de su familia.

Empiezo con este último grupo y no busco ser despectivo al decir que sólo buscan su bienestar. En muchos casos, las difí­ciles condiciones para garantizar la subsistencia de una persona y los suyos, hace imposible involucrarse en espacios sociales más amplios. Aunque también existe la gente que el egoí­smo y el afán material les hacen pensar así­.

Mi respuesta hacia este grupo es que en la sociedad estamos llamados a cumplir diferentes papeles. Y retomo una observación hecha a mi columna sobre el Foro Social Américas, escrita en la página de La Hora, en que me piden animar a las y los participantes al Foro a «hacer algo productivo». Según como interpreté ese comentario -que significa que espacios como el Foro Social no tiene utilidad- me parece engloba el pensamiento de muchas personas que no participan en lo social y polí­tico, y opinan que sólo participando en la economí­a productiva se aporta a la sociedad.

El mundo se sostiene por la producción de bienes y servicios, y por la reproducción, que implica cuidar y cubrir todas las necesidades esenciales del ser humano. Sin embargo, el ser humano como ser social necesita estar organizado. Para ello es indispensable que haya grupos y espacios de intercambio social y polí­tico.

Garantizar la producción y la reproducción es un papel que nos corresponde, de alguna u otra manera, a todas y todos en la sociedad. Pero a quienes concentran más recursos en espacios sociales y polí­ticos no debe criticárseles por no aportar a la «economí­a productiva». Más bien, la ciudadaní­a que es parte del sistema productivo debe informarse y juzgar con conocimiento de causa sobre qué están aportando los grupos sociales y polí­ticos.

La ciudadaní­a no puede reducirse al voto cada cuatro años, en cualquier profesión que ejerzamos podemos y debemos aportar a la sociedad teniendo ética y honestidad, pero también conocer aquello que gira alrededor nuestro, sea social, cultural, económico o polí­tico.

Y cómo en todos espacios asumimos papeles diferenciados lanzaré en una segunda parte de esta columna, una provocación a pensar si en el espectro social y polí­tico estamos ocupando el lugar que nos corresponde.