Ignoran al coronel Francisco Javier Arana


La historia también se escribe con descargas de subjetividad, sobre todo por los polí­ticos fanatizados y como embrutecidos por ideologí­as que devienen a contrapelo de la democracia con sus preciados atributos de libertad y justicia que dignifican a los seres humanos, sobre todo en estos tiempos en los que emergen en nuestro continentes y en otras latitudes dictaduras tí­picamente liberticidas, aterrorizantes, en franca riña con la civilización.

Marco Tulio Trejo Paiz

Esa forma de presentar la historia de las jornadas cí­vicas de octubre de 1944, realizadas heroicamente por todo un pueblo que ya no soportaba la opresión de torvos gobernantes de horca y cuchillo la vimos en las ví­speras del lunes 20 de octubre, especialmente en el transcurso de ese dí­a de conmemoraciones de varias organizaciones estudiantiles, polí­ticas, sindicales, campesinas, incluso del gobierno actual que se ha declarado como la continuación del movimiento revolucionario octubrino…

En lugar escogido estratégicamente de la hermosa fachada del Palacio Nacional que dejó el régimen del general Jorge Ubico, a lo alto del oficialismo de la llamada «socialdemocracia» se dispuso colocar los enormes retratos del coronel Jacobo Arbenz Guzmán y del doctor Juan José Arévalo, presidentes de la República durante la que se ha dado en llamar «la década de la primavera revolucionaria».

Del caso y justo era que en los actos conmemorativos de la gesta libertario-democrática se exaltara a los compatriotas de alta talla cí­vica que con valentí­a se enfrentaron al torpe gobernante provisorio Federico Ponce Vaides y a sus desalmados esbirros, tras la caí­da de Ubico.

Se ignoró hasta en casi todos los medios de comunicación al coronel Francisco Javier Arana, quien como jefe de la unidad de tanques de la Guardia de Honor constituyó el factor determinante de la lucha armada que resquebrajó el nefasto orden de cosas ubico-poncista como en una acción «relámpago» de las huestes de la Alemania nazi?

Ya sabemos que Arana, un oficial no barnizado en las aulas del Alma Mater castrense -la Escuela Politécnica-, tentado por cazurros oportunistas de la politiquerí­a, comenzaba a tener aspiraciones presidenciales, y eso provocó «celos» en Arbenz Guzmán, quien adormecido por el canto de las sirenas revolucionario-democráticas y de los activistas del marxismo-leninismo que no se duermen en las cenizas, sino saben aprovechar cualesquiera coyunturas que se les presentan, también tení­a evidentes pretensiones de jefear el «segundo gobierno de la revolución», tanto era así­ que un 18 de julio de 1949 el coronel Arana fue asesinado cuando atravesaba el puente Gloria rumbo al Morlón, Amatitlán, para recoger un gran arsenal misterioso y peligroso. Se dijo que sólo querí­an capturarlo para despacharlo, cual fardo indeseable, hacia Cuba, «recomendado» a Prí­o Socarrás, quien hací­a turno en los puentes de mando del paí­s de la ahora monarquí­a castrista? Infortunadamente, el oficial Absalón Peralta comenzó a disparar y entonces se produjo una refriega espantosa, con saldos trágicos. El régimen arevalista estuvo a punto de venirse abajo.

Tampoco se mencionó al Toro Laguardia (intrépido piloto aviador), a los entonces jóvenes estudiantes universitarios Celso Cerezo Dardón, Carlos Hall Lloreda, Ricardo Asturias Valenzuela, Mario y Julio César Méndez Montenegro, Roberto Bocaletti, etc. (un etcétera muy prolongado), que heroicamente se expusieron a correr el riesgo de caer en cualquier sitio acribillados por las balas asesinas de los «pit bull», verdaderos y temibles perros de presa de la policí­a poncista.

Lamentables omisiones respecto de compatriotas impertérritos que con sus acciones cí­vicas, valientes, heroicas, contribuyeron el 20 de octubre de 1944 al derrocamiento de la oprobiosa dictadura tiránica del ubico-poncismo que pretendí­a eternizarse en el poder mediante la opresión de fuerza bruta, ¡soporte de los «ombres»-bestias a la usanza nazi-fascista de tiempos idos de ingrata recordación!!!