Hace ya varias semanas escuché a un analista económico norteamericano decir que no se puede aún predecir la magnitud ni la duración de la crisis provocada por la recesión porque primero había que tocar fondo para empezar a hacer vaticinios respecto a la recuperación. Y, efectivamente, todo indica que no se ha llegado al fondo de la crisis porque se siguen dando signos de retroceso a lo largo y ancho del mundo. Hoy las bolsas de los mercados asiáticos y de los mercados europeos, que operan varias horas delante de las norteamericanas, mostraban preocupantes retrocesos que impactaron en Wall Street a la hora de la apertura.
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Pienso que esta semana será de mucha turbulencia porque los mercados se resienten mucho por los factores de miedo y cabalmente ese será el último cartucho que utilizará John McCain en su desesperado esfuerzo por cambiar el rumbo de la historia y evitar el triunfo de Obama. Si hace unos meses su cantaleta era que el candidato demócrata era un riesgo para Estados Unidos por su inexperiencia en política exterior, ahora ha seguido el consejo de los asesores que le piden que arrecie los ataques para señalar el «peligro» que para la economía del país significa entregarle no sólo la Casa Blanca a Obama sino también el Capitolio a los demócratas.
Y ya sabemos que en eso de propagar el miedo, de jugar con el pánico de la gente, pocos son tan eficientes como los republicanos por lo que me da la impresión de que esta semana será de mucha turbulencia en los mercados norteamericanos y, consecuentemente, en los del resto del mundo porque cada uno de los discursos del candidato republicano será una oportunidad para asustar con el petate del muerto. En el fin de semana Karl Rove, quien diseñó las sucias campañas negras para Bush, le dijo que si quiere ganar tiene que sembrar la duda entre la gente respecto al futuro económico del país si le entregan todo el poder, un cheque en blanco dijo, a los liberales.
Los daños que el pánico financiero pueda causar en una semana de volatilidad en los mercados es muy grande, pero eso le importa un pepino a quienes en los últimos ocho años se encargaron de hundir al país más poderoso del mundo en la peor crisis de su historia. Porque si bien en 1929 la gran depresión fue tremenda, no estuvo acompañada en ese momento del compromiso de dos guerras en las que el poderío militar quedó atascado sin posibilidad de una salida fácil ni rápida. Además, esta crisis está siendo un golpe demoledor e irreparable contra el sistema que le impusieron al mundo entero los neoliberales con su teoría de que el mercado tenía instrumentos propios de regulación y que debían suprimirse todos los controles.
El mundo se encamina ahora, por necesidad, a la búsqueda de nuevas respuestas para definir un modelo económico que permita y aliente la iniciativa del individuo, pero que al mismo tiempo le ponga regulación y control a las ambiciones desmedidas que explotan con facilidad el recurso del arca abierta.
Es evidente que hay incertidumbre no sólo en Estados Unidos sino en el mundo entero, pero además McCain se encargará en su última semana de campaña, de promover más dudas, de sembrar más miedos porque según él y sus asesores, la única oportunidad la tiene en la medida en que logre asustar a los electores y meterles todo el pánico que sea posible.