Acontecía la cálida mañana del 20 de Octubre de 2008 y la marcha conmemorativa a la Revolución de Octubre de 1944 en Guatemala caminaba, con pequeñísimas excepciones de carácter coordinativo, en un solo bloque.
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A lo largo de la Avenida Reforma la marcha adquiría matices de fiesta. Una fiesta revolucionaria donde todas y todos los presentes convivían en hermandad el significado de esa fecha, sus logros, los méritos de quienes entonces batallaron para ganarla y de quienes murieron por mantenerla vigente.
Hombres, mujeres, artistas, jóvenes, niños, estudiantes, obreros, indígenas, campesinos, sindicalistas, homosexuales, sindicalistas, adultos mayores; juntos y marchando como pocas veces.
Pero, por supuesto, no podían faltar aquellos que siempre están «al lado del camino fumando el humo mientras todo pasa», como diría Fito Páez. Aquellos que cuando les decís: «vení, vamos a marchar, unite»; hacen un análisis «imparcialísimo» y «objetivísimo» sobre el «movimiento actual».
Entonces llegó el sermón de la montaña: «que está pasado de moda». «Que son las mismas consignas de hace 30 años». «Que hay que actualizar el movimiento». «Que está sectorizado el asunto». «Que la ideología ya no funciona y hay que tirarse al centro». «Que cada quien jala por su propio lado…», en fin.
«Yo te aseguro que de todos los que van marchando, unos cuantos son consecuentes entre el discurso y sus actos de todos los días», agregó por último a todo su análisis.
No hay duda alguna de que todas las opiniones son importantes para generar el sano debate. Así que no estuvo de más preguntarle al compañero: «bueno, y ¿qué sugerís?; la respuesta fue casi un balbuceo: «actualizarse, quitar las ideologías, cambiar las consignas?»
Obviamente existen diferentes expresiones de lucha y siempre ha sido así aunque a los que están «al lado del camino» les cueste entenderlo. La marcha del lunes pasado, por ejemplo, estuvo dividida en más de tres bloques. Pero hay que separar las actividades conmemorativas a la Revolución del 20 de Octubre del 44, de la Revolución que va más allá de un asueto o de unos afiches pegados en el Palacio Nacional de la Cultura.
Hablamos de esa revolución, que cada uno de los que creemos en el significado de la Revolución del 44 llevamos dentro, que construimos cada día que pasa con la humanidad de nuestros actos y que no pierde vigencia aún a 64 años, cinco días y unas horas después.
Esa revolución que se actualiza día a día y toma fuerza al ver en nuestro entorno al niño que busca comida en la basura, al adulto mayor que tiene que salir a ganarse el pan vendiendo lo que sea en cualquier esquina, a la familia de escasos recursos que perdió su vivienda por el último invierno, a los pilotos pidiendo seguridad en los buses…
Si quienes acuerpamos la marcha del lunes superamos esa dispersión de fuerzas y hacemos, no una propia, sino una sola revolución desde nuestro día a día; entonces realmente se construirá una sociedad más justa. Hablamos de esa revolución que va más allá de las apariencias.