Saludo a la familia revolucionaria al conmemorarse los 64 años del 20 de Octubre. Pese a las tragedias que nuestro pueblo ha debido sufrir, particularmente después de la intervención de Estados Unidos en 1954, nos damos cuenta de que los principios, valores y objetivos de la Revolución de Octubre siguen más vigentes que nunca.
Vivimos un momento histórico, una época de profundas crisis, que a la vez es de grandes oportunidades para nuestros pueblos. Es un momento en que los líderes pueden romper con las lacras del pasado y formular nuevos modelos de desarrollo. Estamos frente a una cuádruple crisis social y económica, de proporciones insospechadas. Hay crisis alimentaria, energética, ambiental y una reciente y galopante crisis financiera, determinada por la codicia, la especulación y la falta de regulación de los capitales financieros. Vamos a una recesión económica mundial.
Hay otra crisis subyacente a las cuatro anteriores, que es la crisis de valores. La representa el imperialismo estadounidense, con su afán hegemónico mundial, vía la globalización neoliberal y las guerras prefabricadas. La crisis del imperio, en donde el modelo neoliberal se ha vuelto insostenible, ha lanzado al mundo entero a una crisis generalizada, profunda y de plazo indefinido. Por ello, la población estadounidense se apresta a cambiar el nefasto gobierno del Partido Republicano por un gobierno con el Senador Obama al frente y el Partido Demócrata en pleno control del Congreso de Estados Unidos.
El cambio en Estados Unidos, sin embargo, no será suficiente, para paliar los peligros y amenazas que las crisis llevarán a nuestros países. El gobierno de ílvaro Colom entra en un período de definiciones: o pasa a enfrentar las crisis pensando en los intereses de las grandes mayorías y da un giro hacia la izquierda o sigue respondiendo a los intereses de pocos y el Estado sigue siendo oligárquico e indiferente y en proceso de colapso total. En 1944, los revolucionarios guatemaltecos enfrentaron un reto histórico y respondieron con la Constitución de 1945, grandes reformas y el gobierno de Arévalo, centrado en educación, salud y seguridad social. Luego, írbenz planteó la transformación de las condiciones económicas feudales y la dependencia del imperio por un capitalismo moderno con libertad política. Hoy, al igual que entonces, la construcción de obra pública, la solución energética y la producción alimentaria se convierten en grandes prioridades de Estado y sociedad. Hay un agregado, las obras del Estado deben realizarse con mano de obra intensiva, para generar empleo y comida en cada casa.
Los revolucionarios, sin embargo, no podemos quedarnos a la espera de que Colom se defina en una u otra dirección, dependiendo de buenas intenciones o de las presiones ejercidas sobre él. Nos corresponde un esfuerzo enorme basado en dos pilares: organización y solidaridad. Desde el exterior impulsamos el Movimiento por la Paz y el Desarrollo, organizando a nuestros familiares en el país y organizando más y más migrantes guatemaltecos. Estamos convencidos de que la Revolución de Octubre es patrimonio de todo el pueblo de Guatemala y que, por haber sido truncada, aún debemos completarla con lucha organizada y solidaridad.