Tengo derecho a opinar


Actualmente no soy periodista deportivo, tampoco aficionado al futbol, mucho menos fanático. Por diversas razones oigo y veo ocasionalmente los encuentros entre equipos guatemaltecos o internacionales, la mayorí­a de veces sólo un rato, porque son tan tediosos y de mala calidad que me aburren y hasta me llegan a desesperar. Hace rato dejé de ir a los estadios, pero por ser de origen netamente chapí­n todaví­a a estas alturas me intereso por saber lo que ocurre con este deporte, las frustraciones y el desencanto general que la población por su culpa padece. De ahí­ que me siento con el derecho a opinar sobre la fracasada ambición de asistir a la Copa Mundial del 2010.

Francisco Cáceres Barrios

Al respecto, he visto y oí­do todo tipo de opiniones. Unos le echan la culpa a los entrenadores, algunos especí­ficamente a Maradiaga; a los directivos; a que no aprovechan cuando juegan de locales; que les falta ánimo a los jugadores; que el «Pescado» desapareció o que otros no se pusieron las pilas. Hay quienes van más allá, como uno que opinó que hasta cuando la FIFA modifique el reglamento para practicar este deporte, en el sentido que cuando la pelota tope en los postes del marco va a ser gol, entonces, con mayor facilidad vamos a poder ir a un Mundial.

Hablando en plata, yo opino que los chapines seguimos teniendo la mala costumbre de improvisar. Al igual que aquel señor que les conté, que en vez de desarrollar todo un plan para combatir técnicamente la desnutrición y el analfabetismo se pone a vender desayunos baratos o se contenta con copiar el estilo de sus antecesores, andar a diario repartiendo por todas partes apretones de mano, abrazos y besitos y hasta hacerlas de bailarí­n. En materia de fútbol, también se ha hecho lo mismo, pagarle estrafalarias sumas a los entrenadores, para que tranquilamente se pongan a recolectar la materia prima que encuentren en los equipos, olvidándose que la creación y desarrollo de semilleros es y seguirá siendo la única garantí­a para progresar en cualquier deporte.

Como somos pura llamarada de tusas, les garantizo que en poco tiempo los directivos volverán a las andadas. A soñar, a vender ideas que relumbren, sin ponerse a pensar que en materia de fútbol no existen bases, condiciones, fortalezas ni recursos para poder llegar a un mundial. Si yo fuera colocho, me arremangarí­a las mangas de la camisa y me apretarí­a los pantalones para decretar una suspensión, de por lo menos diez años, para no jugar ni un solo partido internacional, hasta no contar con jugadores que llenen las condiciones mí­nimas que requiere la práctica de este deporte, propiciando así­ un desarrollo generacional de futbolistas de ocho años de edad para adelante, hasta lograr satisfacer las condiciones fí­sicas, deportivas y aní­micas suficientes para triunfar. Ya es hora de dejar de engañar a la población. ¡Basta ya de seguir haciendo corchos!