El Ballet de la í“pera de París creó la noche del martes «Les enfants du paradis», un gran espectáculo de danza coreografiado por la estrella española José Martínez, que ha adaptado el guión escrito por Jacques Prévert para la película epónima de Marcel Carné.
Bailarín estrella desde 1997 en la compañía parisina, para la que ha firmado varias obras («Mi Favorita», «Delibes Suite», «Scaramouche» para la Escuela de Danza), José Martínez, cartagenero de 39 años, ha encontrado en esta obra maestra del cine francés (1945) una película que se presta naturalmente a la danza.
El universo de estos «niños del paraíso» (el teatro, sus actores y su público) invita de entrada a la adaptación escénica, en este caso en colaboración con Franí§ois Roussillon.
Tal como recuerda el coreógrafo español en su introducción, las escenas de masas se alternan en la película con «dúos y tríos, un poco como en un gran ballet clásico». Sin hablar del personaje de Baptiste (Jean-Louis Barrault en la película), un Pierrot con tendencia a la pantomima.
Al estilo de Prévert y Carné, que habían hecho del «bulevar del Crimen» un teatro a cielo abierto, Martínez adapta su espectáculo a la vasta escala del Palacio Garnier y confiere un lado «caballetes» insólito al imperial edificio de la í“pera.
Antes de entrar en la sala, el espectador es recibido por malabaristas, titiriteros y otros artistas callejeros. En el entreacto, caen papeles desde «gallito» (el «paraíso» del título). Antes de la reanudación, el público asiste a la muerte, en la escalinata de Garnier, de Desdémona, víctima de los celos de Otelo, interpretado por Frédéric Lemaí®tre, el actor protagonista del espectáculo.
En el escenario, los decorados del italiano Ezio Toffolutti subrayan esta dimensión «teatro en el teatro» al dejar a la vista las bambalinas, con tonos predominantes blancos y negros y una estética quizás un punto formales.
La estrella Agní¨s Letestu, que confiesa una pasión cada vez menos secreta por el vestuario, firma el de este espectáculo, una revisión del siglo XIX con materias más bien nobles y coloristas, como el vestido de Garance, rojo y de amplios giros como el amor loco que le profesan los hombres.
Martínez ofrece a sus pares una generosa materia coreográfica que pone de manifiesto su formación clásica, pero varía según los personajes (Baptiste todo ductilidad, Lemaí®tre brillante, etc.).
Su relato es más escueto que la película, pero bien hubiera podido serlo aún más porque a estos «niños» les falta algo esencial, las palabras de Prévert.
Encargo de la í“pera de París, la partitura de Marc-Olivier Dupin tiene un interés limitado, una factura muy al estilo de «banda original de película», más bien tonal y heteróclita, que tiene su mayor mérito en su capacidad para adaptarse a la dramaturgia.
Esta obra musical confirma un talento emergente, el director de orquesta español Pablo Heras Casado, que oficiará en otras trece representaciones, hasta el 8 de noviembre, al frente del Conjunto Orquestal de París.