Las críticas formuladas por la forma en que se produjo el retorno de Alfonso Portillo hicieron roncha en el gobierno que desde entonces mantiene una actitud más tirante con la Prensa porque considera injustos los ataques y señalamientos que le vinculan con la figura deteriorada del ex presidente de la República. Sin embargo, en una postura que tiene que ser ecuánime, el gobernante deberá entender que los acontecimientos se han sucedido de tal manera que resulta lógica la sospecha de algún tipo de arreglo.
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En efecto, de manera sigilosa varios importantes funcionarios del régimen de Alfonso Portillo fueron ocupando posiciones en el de ílvaro Colom y por más que el Presidente afirme que se trata de personas nombradas por su capacidad personal, el hecho de que hayan sido colaboradores tan estrechos de Portillo y ahora estén tan cerca de Colom despierta naturales y explicables suspicacias. No podemos olvidar, por ejemplo, que aunque la salida del encargado de la seguridad del Presidente se explicó por el descubrimiento de los aparatos de escucha, ya desde hacía semanas públicamente se hablaba del nombramiento de quien en el gobierno del FRG tuvo a su cargo la tarea de conformar el cuerpo de seguridad civil.
El retorno de Portillo, como puede ser eventualmente el regreso de Serrano, no son hechos que puedan pasar inadvertidos sin provocar convulsión porque se trata de personajes sumamente polémicos. Y en el caso de una extradición, hay que ver que la misma debe llenar un trámite administrativo que hace difícil digerir la idea de que todo fue de sorpresa y que nadie estaba enterado de la decisión mexicana de enviar a quien fue Presidente de la República de Guatemala. Cierto que Colom estaba en Taiwán, pero no olvidemos que las comunicaciones ahora son extraordinariamente fluidas y cuesta mucho creer la versión de que nadie sabía nada.
Y cuando existen tales turbulencias, es natural que surjan malos pensamientos como los que llegaron más lejos al afirmar que había una componenda ya no sólo alrededor del retorno sino en cuanto a la muy diligente y pronta administración de justicia que le otorgó la medida sustitutiva.
Creo que el Presidente cometió un error cuando, molesto por las críticas, asumió una defensa oficiosa de Portillo al afirmar que lo estaban condenando sin el debido proceso. El Presidente de la República debió quedar al margen del problema, pero su desagrado por la forma en que estaba siendo cuestionado le hizo tomar una decisión que, al final de cuentas, no hace sino precipitar y acelerar el deterioro ya marcado de su relación con la Prensa.
Por ello digo que el retorno de Portillo le vino a hacer sombra a Colom, no en el sentido de opacar su gestión presidencial, sino en el de proporcionar municiones a sus críticos que al irlo apareando con el cuestionado ex gobernante lo hacen a uno pensar en la estrategia de los demócratas al identificar a McCain con Bush. En otras palabras, hay figuras con las que la asociación resulta contraproducente y por razones que están a la vista, los más enconados críticos de Colom tienen suficientes argumentos para hablar de vínculos con el portillismo, sobre todo por el papel destacado de figuras de su régimen. La experiencia demuestra que cuando se cruza el rubicón del enfrentamiento con la Prensa, no hay marcha atrás y creo que nada le conviene más a los enemigos de Colom que este panorama.