Héroes olvidados


Ayer fue llevado a su última morada, uno más de los actores de una de las páginas más hermosas de nuestra historia nacional. Alguien, en las palabras de despedida, recordó que Roberto Sandoval Alegrí­a, habí­a, en su adolescencia, sido parte del grupo de estudiantes militares, que habiendo sido formados bajo los principios nacidos de la Revolución de octubre del 44, habí­a combatido en los campos del Roosevelt, a quienes el 18 de junio de 1954 de la mano de la CIA estadounidense, invadieran nuestra patria por su frontera con Honduras.

Carlos E. Wer

Quizá en sus palabras, recordara que a sus 16 años, habí­a cumplido con su deber de guatemalteco y de militar: defender la Soberaní­a, el Honor y la Dignidad de un paí­s que era atropellado por los intereses económicos de la «cangrejada» guatemalteca y las transnacionales voraces, acostumbradas a explotar nuestras riquezas. Algunos, que como muchos ignoran la historia de nuestra tierra se preguntaron con sorpresa ¿por qué, quien habla dijo que el cuerpo sin vida de Roberto Sandoval, correspondí­a al de un Héroe Nacional?… Solamente la cobardí­a o la ignorancia de quienes han gobernado este paí­s, civiles y militares; solamente la cobardí­a de quienes han conformado la cúpula militar, han impedido que a esa gesta que se conoce más en otros paí­ses que en nuestra propia tierra, le sea reconocida la categorí­a de heroica que le corresponde.

Un coronel guatemalteco, quien hizo curso en Venezuela, nos relató cómo el presidente de ese paí­s, el comandante Hugo Chávez, durante una reunión con oficiales extranjeros, al conocer que era guatemalteco, le dijo: «Coronel, por favor, cuéntele usted a los señores oficiales qué pasó el 2 de agosto de 1954 en su patria».

Sin embargo, aquí­, en la propia patria de quienes arriesgaron y unos de ellos ofrendaron su vida, un torpe oficialucho del Estado Mayor del Ejército hace dos años, decidió que esa gesta merecí­a la condecoración «Cruz de Mérito Militar de III Clase». Poco más tarde de ese mismo Departamento, esas mismas culebras otorgaban a la esposa del Ministro de la Defensa, la más alta condecoración militar. Civiles y militares, por cobardí­a o por ignorancia, han querido ocultar con un dedo el resplandor del sol. Civiles y militares, con más miedo que vergí¼enza, han querido ocultar la verdad de la invasión e intervención estadounidense.

No importa que los desclasificados de la propia CIA y documentos oficiales del paí­s tras la invasión, bautizada con el nombre de Liberación Nacional, relaten en detalle, incluso, que su Comandante, era pagado por esa agencia, bajo el nombre codificado de Calligieris. No importa, o porque su ignorancia les ha impedido conocer la verdad, o por esa misma cobardí­a, que pudieran conocer que investigadores estadounidenses han escrito, con lujo de detalles y aún con nombres, la dimensión del complot para derrocar al presidente Arbenz. Los apellidos anglosajones de los pilotos encargados de sembrar el terror en la población guatemalteca, los desplantes del embajador gangster, que se pavoneaba, pistola al cinto, de ser el instrumento de poder que no solamente arrodilló a la mayorí­a de la cúpula militar, que más pensaban en sus privilegios que en defender a la tierra a la que habí­an jurado defender.

Y hoy, 54 años más tarde, el gobierno de turno, a pesar de querer presentarse como gobierno progresista, que reconoce en la gesta del 20 de octubre como la raí­z que provocara que los gobiernos revolucionarios se volvieran hacia el pueblo, publica un suplemento que con el nombre de «Revolución de Octubre de 1944», pretende escribir su historia. Pero, por la misma ignorancia o cobardí­a señala la caí­da del «Soldado del Pueblo», como el «golpe» que lo provocara, haciéndole el juego a los farsantes historiadores de la CIA, que vinieran a Guatemala a darnos atol con el dedo, a tratar de convencernos de que esa caí­da habí­a sido por golpe y no como consecuencia de la invasión. La traición de los coroneles Carlos Enrique Dí­az Jefe de las Fuerzas Armadas y del de mismo grado José íngel Sánchez ministro de la Defensa Nacional, para quienes pudo más la ambición de suceder a Arbenz en el poder, permitieron que la invasión, «se lavara la cara» y dieran lugar a la especie del «golpe».

Así­, el gobierno del ingeniero Colom, le hace el juego a quienes han ocultado la verdadera historia reciente de nuestra tierra y en su publicación conmemorativa hace eco de esa farsa.

Y la verdad sobre la gesta del 2 de Agosto de 1954, sigue aún semioculta, esperando que la verdadera revolución, rescate los valores de quienes han caí­do en el camino por la plena Soberaní­a, por la Dignidad y el Honor de toda una nación.