La Ley de Reforma Agraria anuló la propiedad feudal en el campo e impulsar la producción en la agricultura, eliminó cualquier forma de esclavitud o servidumbre, prohibió el trabajo gratuito de los trabajadores, facilitó la inversión de capitales, introdujo nuevas formas para cultivar, y dotó de tierra a campesinos, trabajadores agrícolas y mozos colonos. Otra característica fue lo relativo a las tierras de las fincas nacionales: aproximadamente 100 fincas fueron expropiadas a terratenientes alemanes por concepto de indemnización de guerra. Las tierras, cultivadas o no, se entregaron a campesinos, trabajadores o mozos colonos que las denunciaban. Las cooperativas de producción también recibieron tierras para ser explotadas.
En el área internacional, a la reforma agraria guatemalteca se le consideró como un factor importante para lograr la productividad. Los estudios con relación a este tema los efectuó el Consejo Económico y Social de la ONU y fueron relevantes para la resolución 534/VI, aprobada el 12 de enero de 1952 por la Asamblea General de la ONU donde instó a los gobiernos a proporcionar fondos para ejecutar planes de reforma agraria.
El presidente Arbenz se propuso contrarrestar la hegemonía de los monopolios, lo cual permitiría el mejor aprovechamiento de los recursos naturales de Guatemala, junto a esfuerzos de su gobierno por lograr una distribución más justa del ingreso. Por esta razón, tres aspectos tendrán especial significado en la vida económica del país: la construcción de una carretera al Atlántico, con el propósito de romper la hegemonía de la IRCA; el desarrollo del puerto nacional Santo Tomás (bajo control de la UFCO estaba en Puerto Barrios, la salida al mar de Guatemala, en el norte); e impulsar -con fondos nacionales- la hidroeléctrica Jurún Marinalá, para competir con el dominio de la Electric Bond and Share. Sus tarifas exageradamente altas, era una elemento restrictivo para el desarrollo de la economía guatemalteca.
Las organizaciones de obreros y trabajadores se esforzaron por lograr la unidad. El 29 de mayo de 1950 se fundó la Confederación Nacional Campesina de Guatemala (CNCG) y el 14 de octubre de 1951 la Confederación General de Trabajadores de Guatemala (CGTG). Asimismo, el Sindicato de Servicios Aéreos y Conexos y el Sindicato de Luz y Fuerza. Todos efectuaron importantes acciones reivindicativas. Durante el gobierno de Arbenz se ejerció plenamente el derecho a la libre sindicalización.
Muchos fueron los guatemaltecos y guatemaltecas que impulsaron el movimiento democrático. Hace falta un análisis profundo de ese periodo y destacar el papel de hombres y mujeres que estuvieron presentes con su racionalidad ciudadana. Sin embargo, en el gabinete del presidente Arbenz debe señalarse -entre otros- la presencia del profesor Mardoqueo García Asturias, quien fue el ministro de Educación Pública. Anteriormente, fue el director de la Escuela Normal Central para Varones. Un maestro que dedicó su vida al desarrollo de la educación en Guatemala. De igual manera, Alfonso Bauer Paiz. Dos hombres inmersos en el desarrollo de la democracia guatemalteca.
Política exterior
El movimiento popular guatemalteco de 1944 se inició cuando la Segunda Guerra Mundial era parte del escenario en tres continentes. A siete meses de concluir (Alemania capituló en forma incondicional el 9 de mayo de 1945), Guatemala impulsó una política de solidaridad con las naciones que luchaban contra el eje Roma-Berlín-Tokio. A partir de 1945 hasta 1954 los gobiernos de Guatemala consideraron al periodo de posguerra como una nueva época para vivir sin opresión y superar la ignorancia, el temor y la miseria. La política exterior guatemalteca fue congruente con los principios de la democracia. La solución pacífica a las controversias internacionales se expuso como postulado básico en sus relaciones con la comunidad internacional.
La ideología nazi y su desprecio por la vida humana eran opuestos a los valores de democracia. Este hecho explica que un factor fundamental de la política exterior guatemalteca fue su lucha contra las expresiones del fascismo y la política nazi.
Evitar la injerencia externa en asuntos internos de Guatemala, fue una actitud de los gobiernos (1944-1954). El escritor Manuel Galich, quien fue diputado, presidente del Congreso y ministro de Relaciones Exteriores, señaló: «(…) la dignidad obligó a la Junta Revolucionaria el 21 de octubre (se refiere a 1944) a expulsar del país al ministro (estadounidense) Boas Long». De igual manera, el embajador de Estados Unidos en Guatemala, Richard Patterson, fue retirado -a solicitud del presidente Arévalo- por intervenir en asuntos que no eran de su competencia diplomática. Entre otros aspectos, Patterson le entregó una lista al Dr. Arévalo de funcionarios que debían ser retirados de su gobierno.
El 22 de enero de 1945, la Junta Revolucionaria de Gobierno adoptó una importante resolución: romper relaciones diplomáticas con el gobierno español -vinculado a Mussolini y Hitler-, presidido por Francisco Franco. Se impulsaba en la práctica la lucha contra el fascismo. El presidente Arévalo reconoció el gobierno de la República española en el exilio, dirigido por José Giral. Para el Congreso y amplios sectores sociales de Guatemala, las decisiones en política exterior significaron una postura de dignidad (continuará).