El atronador 20 de Octubre de 1944


El ubiquismo, desde el momento mismo en que el amo cayó al grito estentóreo del civismo de todo un pueblo harto de la oprobiosa dictadura tiránica de los 14 años, creó las condiciones para que sobreviniese un movimiento que cambiase el estatus institucional del paí­s.

Marco Tulio Trejo Paiz

Lo acontecido en el memorable e histórico 20 de Octubre de 1944 no fue un hecho aislado. El mundo entero se disponí­a a echar abajo con todos sus andamiajes y blindajes los regí­menes dictatoriales. Ya estaba por terminar la Segunda Guerra Mundial. Hitler, Mussolini y sus secuaces tení­an muy ofendidas a las sociedades nacionales y a la comunidad internacional, por lo que la decisión de todos los hombres de aspiraciones democráticas virtualmente se habí­a generalizado en toda la redondez del planeta tierra. En Centroamérica cayeron uno a uno los soberbios semidioses.

Franklin Delano Roosevelt, Winston Churchill y José Stalin, en una de sus reuniones celebradas en alta mar, acordaron borrar del mapa a los dictadores de los diferentes continentes. En tal sentido, contaban con el apoyo de los lí­deres de casi todas las naciones. Bueno…, el sayón ruso, Stalin, ha de haber asentido como a regañadientes a lo que se resolvió en aquel acto trascendental e histórico contra los «ombres»-bestias…

De manera que ya tenemos una ligera explicación de lo precursor respecto del batallar de la democracia contra las dictaduras de las diversas latitudes.

A tí­tulo de una experiencia inolvidable, diremos que, en lo personal, el atronador 20 de Octubre de 1944 nos sorprendió en esta capital, a donde habí­amos llegado en la ví­spera con procedencia de nuestro terruño oriental, Jutiapa, en busca de nuevos horizontes.

Con una damisela bailábamos en conocido club nocturno de la localidad cuando, en los primeros momentos de la madrugada, se escuchó un cañonazo y, como a la sazón se viví­an dí­as de zozobra y de temor rayano en pánico, rápidamente corrió la noticia de que la Guardia de Honor se habí­a rebelado contra la torpe dictadura de Federico Ponce Vaides, «apéndice» del régimen de Ubico.

Con la damisela salimos en un santiamén del club nocturno donde danzábamos y, a pie, recorrimos calles y más calles hasta llegar al barrio El Gallito, donde ella viví­a. En el trayecto vimos a varios agentes de la temible policí­a nacional quitándose prendas de uniformes y tirando en aceras y otros sitios objetos de su equipo. .

A todo eso, retumbaban los cañonazos; «carcajeaban» las ametralladoras; la gente (poca a esas horas) corrí­a precipitadamente por todos lados tratando de no sufrir serias consecuencias de los «pepitazos».

El bombardeo de la Guardia de Honor contra el Fuerte de San José y el de Matamoros era incesante. Para el régimen ubico-poncista ¡la suerte estaba echada! En menos de 24 horas se vino abajo estrepitosamente. ¡Un proyectil, de cañón, que dio en la Santa Bárbara del Fuerte de San José hirió mortalmente al nefasto orden de cosas.

El entonces mayor Francisco Javier Arana, jefe de la unidad de tanques de la Guardia de Honor, fue quien protagonizó triunfalmente la lucha armada contra el régimen dictatorial, liberticida por excelencia, que pretendí­a seguir de frente contra la voluntad de un pueblo que abominaba de toda una era de barbarie.

Tan pronto como fue destronado Ponce Vaides, surgió una junta de gobierno cí­vico-militar integrada por Francisco Javier Arana, Jorge Toriello Garrido y Jacobo Arbenz Guzmán, junta que sin pérdida de tiempo comenzó a tomar una serie de medidas con proyección al interés y a los derechos legí­timos de los diferentes sectores de la población.

La Revolución de Octubre del 44 cambió casi por completo la situación nacional en varios aspectos. Hizo posible que surgieran, mediante la voluntad ciudadana expresada en las urnas, los gobiernos del doctor Juan José Arévalo Bermejo y del coronel Jacobo Arbenz Guzmán.

Durante el régimen arevalista hubo grandes realizaciones, pero también numerosos complots. El de Arbenz, asimismo, hizo obra meritoria, pero a la vez le arrancó bigotes al león, por lo que motivó su derrocamiento por el llamado Movimiento de Liberación Nacional que comandó el coronel Carlos Castillo Armas.

La historia de todo lo demás que se produjo a raí­z y por espacio de un decenio es ampliamente conocida en Guatemala y en el exterior, razón por la que optamos por bajar el telón?