La cotidianidad marca en octubre la presencia multitudinaria de una acentuada devoción popular, las conmemoraciones religiosas en homenaje a la Virgen del Rosario. Abarcan el sostenido fervor todo dicho mes, desde el alba hasta el ocaso, en el marco del templo imponente de Santo Domingo capitalino.
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El evento en mención constituye una significativa tradición, imposible de pasar desapercibida en la conciencia colectiva, que lleva la cuenta: meses, semanas y días. Tiene por lo tanto huella profunda a título de expectativa que motiva demostraciones visibles en diversos sectores poblacionales.
Viste de galas la Basílica Menor del Rosario, título que también está apoderado entre gozos inconmensurables de esa devoción. Existe como fácil es percibirlo, cierto imán espiritual, capaz de atraer enjambres de feligreses. Mismos que acuden a implorar de María, bendita entre todas las mujeres, su intercesión.
Impresiona de consiguiente la congregación igualitaria que les anima, en tanto invocan el alivio a sus penuarias con singular fe. Sus plegarias al unísono rebasan el murmullo bajo las anchas naves del templo dominico. Un cúmulo de situaciones se aúnan para constituir con improntas valederas la solemnidad.
En el altar mayor destaca la bella imagen de la Virgen del Rosario, con el Niño dormido en sus brazos, aspecto conmovedor de ternura maternal. De talla perfecta es centro de interés mayúsculo, un puente de enlace que une la imagen artística a sus devotos en un acto de amor sublime entre volutas de humo.
Coadyuva a crear un auténtico ambiente religioso de piedad los lindos arreglos florales en profusión, el cortinaje lucido, además de luminarias y restantes elementos propicios. En síntesis la vista capta de inmediato que es tanta la afluencia de feligreses diversos que de verdad, no hay donde tirar una aguja.
Los alrededores tampoco se quedan atrás con su cuota de animación, a lo largo de la 12 avenida zona central y esquina de la 10a. calle. Interminables filas de automotores protagonizan embotellamientos, empero ello dista de ser algo sumamente difícil de superar en la ensanchada ciudad capital.
Parte conformante del mes de octubre con ocasión de la tradición religiosa y costumbrismo palpable, vienen a ser los puestos de vendimia en las proximidades del templo. El arte culinario chapín adquiere manifestación mediante antojitos fruto de antiguas recetas, gloria de la gastronomía nacional.
Cabe puntualizar en ese orden de ideas vinculadas con las solemnes festividades en homenaje al Rosario, como la tradición aludida incluye a fieles devotos del interior. Mayormente de municipios circunvecinos que asisten con miras a participar de las actividades programadas con antelación.
Tal sumatoria contribuye de hecho a darle un sentimiento de animación superior, de cara a poner el clásico granito de arena a los festejos marianos. Incrementa la capacidad fervorosa del vecindario de Gerona, antiguo barrio citadino a parte de los contingentes de que hemos referido.
Llega octubre con su cauda esperada de suceso importante, año con año, mitiga sobremanera el diario acontecer, plagado de noticias causantes de tensión, pesadumbre y dolor que integran la nota roja. Un remanso de paz en la selva dañina, en contra de tanto y tanto hecho sombrío que asola el país.