Las mesas están llenas, el caviar y el champán continúan ocupando el lugar de honor en los principales restaurantes del mundo, pero los chefs temen que las consecuencias de la crisis financiera mundial comiencen a verse dentro de algunas semanas.
«Las crisis pueden tener efectos positivos», dijo uno de los principales críticos, Franí§ois Simon, del diario Le Figaro. «Esta podría convertirse en la salvadora de la verdadera gastronomía», añadió.
Simon, como muchos expertos, cree que el arte de la gran gastronomía sufre los mismos males que la alta finanza.
Este mundo que otrora estuviera reservado a los amantes de la buena comida y a los chefs mejor entrenados está financiado actualmente por empresas que invierten verdaderas fortunas para alimentar a personas obsesionadas por su peso en restaurantes instalados por estrellas de la gastronomía que hace muchos años dejaron de cocinar.
«La gastronomía se ha convertido en un espectáculo, una ficción, algo totamente absurdo», opinó.
Una clara ilustración de esta tendencia fue la sorprendente comida de la semana pasada organizada por el departamento de seguros de Fortis, en plena bancarrota, en un restaurante de Mónaco dirigido por el célebre chef francés Alain Ducasse. Este almuerzo para 50 personas, cuya factura ascendió a 150 mil euros, tuvo lugar pocos días después de que Fortis fuera rescatado por bancos europeos.
El historiador e investigador culinario Alain Drouard afirmó que en los últimos 30 años la gastronomía había pasado de ser un oficio o un conocimiento a «una industria de lujo».
Ahora que los chefs más destacados como el británico Gordon Ramsay o el francés Ducasse dejan sus hornos para administrar restaurantes en todo el mundo, «la gastronomía es un producto de lujo comprado en restaurantes de tres estrellas por una clientela fundamentalmente internacional», sostuvo.
«En períodos de crisis, a la industria del lujo siempre le va bien», añadió Drouard.
Mientras tanto, en Londres, Nueva York y París, algunos de los restaurantes más célebres del mundo indicaron que por el momento la crisis no los afectaba.
La semana pasada, en Manhattan, a pesar de la tempestad que sacudía a Wall Street, las mesas para el almuerzo estaban llenas todos los días en «Jean-Georges», uno de los cuatro restaurantes neoyorquinos con tres estrellas en la prestigiosa Guía Michelin.
Algo similar ocurre en París, la capital mundial de la buena comida, donde las reservas están completas para las próximas semanas cuando se trata de chefs destacados como Alain Passard de «L»Arpege», Guy Savoy del restaurante con el mismo nombre, Guy Martin de «Le Grand Vefour», o Yannick Alleno del Hotel Meurice y «Taillevent».
«Los clientes sólo hablan de la crisis financiera», dijo Martin. «Pero tendremos que esperar hasta enero, después de las fiestas, para ver si nos afecta», agregó.
Savoy señaló que octubre es tradicionalmente el mes de más trabajo en esta profesión y este año no ha sido una excepción. «La economía real está funcionando bien», explicó.
«Vemos a clientes de países que nunca habíamos visto hace tres o cuatro años: filipinos, polacos, rusos, chinos e indonesios. Esta es una gran oportunidad para nosotros», indicó.