Vigilan de cerca al mundo financiero y hay alerta ante la crisis


Los jefes de Estado y de gobierno de la Unión Europea (UE) clausuraron hoy una cumbre de dos dí­as en Bruselas en la que acordaron seguir coordinadamente la evolución de la crisis y poner en marcha medidas para evitar excesos en el sistema financiero.


«No jugamos al «Monopoly», detrás está la economí­a real», dijo el jefe de Estado francés, Nicolás Sarkozy, presidente en ejercicio de la UE, al defender las medidas lanzadas por Europa para enfrentar la crisis financiera y proteger a los ciudadanos en momentos en que la recesión sobrevuela el Viejo Continente.

Durante la cumbre, los 27 miembros del bloque hicieron suyas las disposiciones tomadas por los paí­ses de la zona euro el domingo en Parí­s, inspiradas a su vez en el plan británico de ayuda a los bancos, consistente en garantizar los préstamos interbancarios y proceder a nacionalizaciones parciales de las entidades en apuros.

«El valor de la Unión Europea se pone una vez más de manifiesto. Esta es una crisis que viene de Estados Unidos, del sistema financiero de Estados Unidos, y es una crisis que se va a superar gracias a la UE, a su capacidad de coordinación y a su capacidad de liderazgo», indicó el presidente de gobierno español, José Luis Rodrí­guez Zapatero.

Unas de las palabras que más se han pronunciado estos dos dí­as en Bruselas es «Bretton Woods», la localidad estadounidense que dio nombre a los acuerdos de 1944 que han configurado el sistema monetario internacional vigente en el último medio siglo.

Varios paí­ses de la UE han insistido en la necesidad de dotarse de un «nuevo Bretton Woods», una aspiración que presidirá la reunión del sábado entre el presidente estadounidense George W.Bush, Sarkozy y el titular de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, quien destacó las grandes posibilidades de reforma que ofrece el momento actual al hablar de «ahora o nunca».

Los primeros pasos para un «Bretton Woods II» podrí­an darse a nivel de un G8 ampliado a algunas de las economí­as emergentes más poderosas, pero en cualquier caso, recordó el ministro español de Economí­a, Pedro Solbes, «el marco lógico en que deberí­a plantearse» cualquier reforma «serí­a en el contexto de las asambleas del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial».

Entre las nuevas medidas adoptadas por la UE a nivel interno se encuentra la de una «célula de crisis financiera», que «podrá activarse en cualquier momento» a petición de un miembro para permitir «una reacción rápida y eficaz en situación de crisis», según el texto final de la cumbre.

Entre llamamientos a refundar el capitalismo, los lí­deres europeos pidieron celebrar una reunión mundial del G8 ampliado: «Queremos que esa cumbre se celebre antes de finales de año y creemos que lo mejor es noviembre. No queremos que mañana las mismas causas produzcan los mismos efectos», explicó Sarkozy.

Todos estos esfuerzos internacionales deben desembocar en «una reforma real y completa del sistema financiero basada en los principios de transparencia, solidez bancaria, responsabilidad, integridad y gobernabilidad a nivel mundial».

Hasta entonces, los lí­deres europeos se comprometieron a «supervisar el sector financiero europeo, sobre todo a los grupos transnacionales, con miras a desarrollar un sistema coordinado de supervisión».

Los lí­deres europeos pidieron también que se aceleren los trámites para «reforzar el marco de las agencias de calificación financiera», a quienes se responsabiliza en parte de la crisis por haber evaluado mal a las entidades que manejaban créditos arriesgados.

La UE la emprende además con las compensaciones millonarias por despido de los directivos empresariales: «el desempeño real de los directivos debe reflejarse en su remuneración, incluido en las indemnizaciones de despido», conocidas como «paracaí­das dorados».

Si bien la crisis ha reforzado la unidad europea en algunos aspectos, en otros la ha dinamitado, como en el caso de la lucha contra el cambio climático, que algunos, cono Italia y Polonia, consideran demasiado costosa para sus economí­as.

Pese a estas reticencias, la presidencia francesa de la UE mantiene su objetivo de que el ambicioso plan europeo de lucha contra el cambio climático esté listo y aprobado en 2008, aunque se mostró dispuesto a tener en cuenta la «situación especí­fica» de cada paí­s.