Me sigue dando vueltas dentro de la cabeza el término «inteligencia», tantas veces usado por nuestros políticos y nuestras autoridades para referirse al peritaje, la sapiencia y la instrucción recibida para llevar a cabo las acciones necesarias para brindarle a la población la tan ansiada seguridad ciudadana. Unos dicen que es mejor la inteligencia militar que la civil; algunos lo han utilizado demagógicamente para convencer a nuestros ingenuos electores de la conveniencia de votar por determinado candidato y hay quienes, hasta se la llevan de ser dueños exclusivos de la cualidad.
Mi experiencia ciudadana es que la inteligencia sigue sin aparecer por alguna parte, de tal manera que usted estimado lector y este aprendiz de escribiente, podamos salir de nuestro hogar a realizar nuestras actividades diarias con un alto porcentaje de certeza de regresar al mismo, vivitos y coleando, porque lo más seguro es que los delincuentes sigan haciendo cuanto desean para agenciarse de lo que no es suyo, utilizando el método, maña o argucia que más les convenga.
Así como se oye. Y, para los lectores ajenos a nuestras costumbres y maneras de vivir, les aclaro que no estoy hablando de los conflictos bélicos entre rusos, palestinos, tampoco israelitas, mucho menos de lo que a diario ocurre en Irak, sino del otrora «país de la eterna primavera». Me estoy refiriendo a que cualquier día de estos, usted viaje por una carretera, calzada, calle o avenida y ¡zas! se encuentre con un grupo de personas vestidas de color negro, verde perico o de cualquier otro que, colocando conos rojos en el piso, se ponen a sonar con energía sus gorgoritos y le hacen señas ordenándole hacerse a un lado, bajarse del vehículo privado o público, cachearlo, registrarlo y ¡claro está!, mostrarle cuánto documento se les antoje, lo que incluye, la licencia de conducir vehículos automotores aunque no lo vaya haciendo, hasta la cédula de vecindad, fe de edad o certificado de nacimiento.
Yo pregunto al respecto: ¿a quiénes ha beneficiado estos mentados operativos? Sabido es por todos que los datos logrados a través de tanta papelería que debemos portar, los muy poco confiables agentes de la autoridad han podido averiguar cuanto les pueda interesar de la gente honrada y trabajadora y así, en los días subsiguientes se hagan merecedores de la desagradable comunicación de que están siendo víctimas de un secuestro, extorsión o de cualquier otro tipo de delito. Tan es así, que las «inteligentes» autoridades de tránsito han anunciado que la constancia sintética para que podamos conducir un vehículo automotor se va a cambiar para evitar el mal uso que se ha venido haciendo de los datos ahí consignados. Ahora bien, si alguien me demuestra que gracias a estos registros, se han reducido los índices de la delincuencia que nos agobia al menos un diez por ciento o el montón de accidentes de tránsito, pues con toda honradez tendría que retirar lo dicho. ¿No les parece?