En los últimos días, si no es que semanas, la mayoría de facultades de la Universidad de San Carlos ha permanecido cerrada; la razón: un grupo de «estudiantes» y «líderes estudiantiles» han protestado en contra de algunas medidas puntuales del alma máter.
Aunque son varias las exigencias, las que más llaman la atención son: pedir la derogatoria o -al menos- la flexibilización de los exámenes de admisión; pedir la derogatoria o -al menos- la sustitución del plan de expulsión para los repitentes; evitar un supuesto aumento a la matrícula estudiantil.
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Los exámenes de admisión fueron una medida implementada hace varios años, con lo cual se pretendió mejorar el nivel académico. Hace unos quince días, se llevaron a cabo las jornadas de exámenes de admisión, con lo cual -es de suponer- miles no lograron aprobar y de ahí sale la base de esta arista de la protesta.
El plan de repitencia fue, asimismo, una medida tomada hace años, que impedía a un estudiante continuar con su carrera si repetía en tres oportunidades un curso. Aunque ya tiene varios años de vigencia, es hasta este año que tomó por sorpresa a varios, los cuales, también, salieron a protestar.
Las protestas en Guatemala, ante la falta de espacios de expresión y discusión, se han visto obligadas a una única opción: el bloqueo de la movilización y afectar a miles de personas para que se tome en serio su protesta. Lástima, porque estas medidas de hecho provocan más molestias que simpatías, y su exigencia se pierde en el enojo del público.
He de decir que estos exámenes de admisión no son muy difíciles, y que si un aspirante no tiene conocimientos mínimos, no debería iniciar un proceso universitario sin antes obtenerlos. El plan de repitencia no es más que el resultado de estudiantes que ingresaron sin tener vocación o conocimientos mínimos.
Claro, todos tenemos derecho a la educación, pero eso no significa que todos tengamos derecho a graduarnos de ingenieros, médicos o abogados, que son las carreras que se eligen con mayor incidencia, porque usualmente son las que pagan mejor.
La Usac ha tenido, así, un excedente de estudiantes que no logran salir de una carrera. Y son precisamente estos estudiantes que se han acomodado a su estatus estudiantil, que incluso llegan a ocupar puestos de liderazgo, exigiendo «solidaridad» para con ellos. Olvidan que ellos estudian debido a que un pueblo sostiene a la universidad, y que permanecer eternamente como estudiantes representa un costo muy alto para Guatemala.
La universidad se ha quedado sin fondos; ya no alcanza para mucho más. Por ello, me imagino, que se requiere un aumento en la cuota. Pasar a pagar de 5 a 50 quetzales mensuales, para los niveles que se pagan en universidades privadas, sinceramente es nada.
Estos estudiantes afectados se quejan, pues, de una supuesta privatización, y no se dan cuenta que si la Usac continúa con bajo nivel académico, no se necesita privatizarla, sino que simplemente el estudiante que realmente quiere aprender y mejorar deberá irse a una universidad privada, tal como sucede con el sistema público de salud, educación y seguridad, que, ante la pobreza de servicio que ofrece el Estado, deben buscar opciones privadas.
Hasta ayer no había clases en la Usac, y con ello se han truncado las celebraciones en honor de Oliverio Castañeda de León, un líder estudiantil que cumple este próximo 20 de octubre, 30 años de haber sido asesinado. Oliverio, antes que todo, fue buen estudiante, porque para ser líder estudiantil, primero hay que ser un ejemplo para sus compañeros; si no se es legítimo, la lucha no lo será. Mi homenaje así para este líder estudiantil que fue, ante todo, un ejemplo de excelencia académica.