La crisis financiera enfocada desde el estómago de la población


La crisis económica mundial, y particularmente el debilitamiento de la economí­a estadounidense, de la cual depende nuestro paí­s, obligan a reflexionar sobre escenarios futuros.

Juan Pablo Ozaeta

El modelo de desarrollo que se implementó en el paí­s hace más de 20 años, con las medidas de ajuste estructural y la desregulación comercial -que se consolidó con el TLC-CAUSA- provocaron esa dependencia económica, y particularmente, una dependencia a la importación de granos básicos de los Estados Unidos -EE.UU..

Para los primeros meses de 2008 dependí­amos en un 70% de las importaciones de arroz de EE.UU., en un 50% de las importaciones de maí­z amarillo, y muy cerca del 100% de las importaciones de trigo. Esto tuvo que ver con los precios subsidiados de estos productos, que no permitieron subsistir a la producción nacional.

Con la crisis de los precios internacionales de los alimentos, los granos nacionales eran indispensables para evitar un alza tan desmedida de estos granos y los productos que requieren estos granos como materia prima (el pan y el pollo). Sin embargo, la producción campesina nacional ya se habí­a visto afectada por esta desregulación.

Ahora, la crisis económica mundial nos depara escenarios aún más complicados. Si la economí­a estadounidense está mal, caerán en declive algunas industrias exportadoras como la industria textil (que ya vení­a cayéndose), además de que se reduzca algunas inversiones y el flujo de remesas, por la falta de empleo para nuestros migrantes, entre otras cosas.

Esto pone en evidencia que la receta estadounidense (apoyada por nuestra élite empresarial) para el desarrollo económico de nuestro paí­s ha fracasado. Y con la millonaria intervención del gobierno de EE.UU., para salvar sus bancos, la idea de que la mano invisible del mercado todo lo resuelve también fracasó.

De manera que, ahora mismo se hace necesario buscar soluciones, pero cada vez más de fondo, y más desde nuestros intereses, para afrontar los efectos de la crisis económica mundial y de nuestra dependencia a esta economí­a.

Ahora más que nunca se hace necesario reactivar la producción campesina, que es la que nunca ha dejado de atender nuestra necesidad vital de alimentación, y que debió de protegerse en el TLC y todas las medidas de desregulación comercial.

También se hace fundamental detener a los intermediarios especuladores que se aprovechan de esta crisis. No fueron sólo los comercializadores de gasolina, también los intermediarios agrí­colas nos han recetado incrementos injustos.

Se debe poner mucha atención a los monopolios u oligopolios de las importaciones de granos básicos -y legislar para que nunca más existan. Y una propuesta desde los actores vinculados con el tema agrario, es que para detener la especulación y el monopolio debe garantizarse un abastecimiento de granos, desde el Estado, que apoye la producción campesina. Esto nos preparará para afrontar una crisis alimentaria, no sólo por precios, sino también por desabastecimiento, que quizás ante estos difí­ciles escenarios internacionales, y el cambio climático, también puedan darse.