Tenía suficiente claridad en su discurso. Coherencia y compromiso entre su pensamiento y su actuación. Este año se cumplen 30 años de su cobarde y vil asesinato. Como expresara un testigo ante la Comisión para el Esclarecimiento Histórico, CEH: «Oliverio era carismático… inteligente, un estudiante distinguido, el mejor de su carrera. Era el joven que todos deseábamos ser».
Este año también se cumplieron 30 años de la Masacre de Panzós, en Alta Verapaz. Hecho sucedido el 29 de mayo, recién a los ocho días de que Oliverio Castañeda de León asumiera la Secretaría General de la Asociación de Estudiantes Universitarios, AEU. De aquella masacre que cobró la vida a unos 160 campesinos cuya única demanda era tierra para trabajarla y sobrevivir, nadie salió procesado, nadie fue declarado culpable.
El liderazgo y compromiso de Oliverio le impulsó a enérgicas condenas y serios señalamientos, de ese y otros lamentables sucesos de la época. Poco menos de cinco meses más tarde, le habría de costar la vida. Fue cobarde y vilmente asesinado, en el caso típico de una ejecución extrajudicial, en la 6ª. avenida, frente al Portal del Comercio, en el ingreso al Pasaje Rubio. Frente a la Empresa Eléctrica.
Un día antes, había aparecido una «lista negra» bajo la autoría del denominado «ejército secreto anticomunista, esa»; uno de los 39 nombres era precisamente el de Oliverio Castañeda de León. Según los registros de la CEH, de un vehículo color turquesa, placas particulares 109716, bajó, de la puerta trasera un individuo con ametralladora en mano y le acertó varios disparos. Su muerte fue inmediata. Los registros del vehículo, confusos e imprecisos
Ese asesinato fue el inicio de una cacería en contra de la dirigencia de la AEU, la «universidad es un foco de subversivos», habría declarado en la víspera el general Fernando Romeo Lucas García, a la sazón el gorila gobernante de turno. Para resguardarse aunque fuera en forma mínima, el Grupo Frente (de estudiantes y algunos militantes de la fracción juvenil del Partido Guatemalteco del Trabajo) acordaron suprimir provisionalmente la conducción de AEU bajo la figura del Secretariado, se asumió la de Coordinadora, para hacer «invisible» a quien habría de dirigir. De aquel grupo de estudiantes, integrantes de la primera Coordinadora de AEU, aún hay sobrevivientes. Pero de aquel grupo, también hubo una dosis de juventud que aportó su sangre por la causa de una Guatemala justa, digna y verdaderamente democrática.
Hoy, esta mañana, a 30 años de su ejecución extrajudicial, después de su doctorado honoris causa, su familia también recibió la Orden del Quetzal en forma póstuma, por parte del gobierno de ílvaro Colom. Oliverio Castañeda de León recién el domingo pasado habría cumplido 53 años. La semana pasada Gustavo Berganza se preguntaba en su columna ¿Qué mérito pudo haber tenido Oliverio, para aparecer acompañando con su faz, en las enormes banderas con los rostros del Dr. Juan José Arévalo y del coronel Jacobo Arbenz Guzmán, que desde la semana pasada adornan el Palacio Nacional, en conmemoración al Octubre de 1944? Es todo tan relativo. Pero no debe olvidarse que a sus 23 años, Oliverio se perfilaba como un preclaro líder nacional. Que los integrantes del Comité de Emergencia de los Trabajadores del Estado, entre otras organizaciones, vieron en él a un auténtico líder y prócer de las causas de las mayorías desposeídas de nuestro país. Es el haber truncado esa prometedora existencia, por el impacto de su prestancia, en adición al homenaje de hoy, lo que le ubica al nivel de los innovadores, de los revolucionarios del siglo XX.
Un año más tarde, un 12 o 13 de octubre de 1979, los integrantes de la Coordinadora de AEU, habríamos de discutir quién representaría a la Asociación en tan singular fecha. Por la conmoción imperante, se evaluó importante tal participación. Dos nombres estuvieron en la mente de quienes podían proponer. Durante varios días, ambos preparamos la alocución conmemorativa. Por otras circunstancias a las que me referiré la próxima semana, corrió el turno para el compañero Julio César Cortez Mejía.
El honor y el nerviosismo de quienes estábamos en tales preparativos, hizo caer en errores elementales de seguridad a Julio César. El cerco tendido por el temible Comando 6 y la Policía Judicial, terminó por agregar el nombre de Julio César Cortez Mejía a los más de cuarenta y cinco mil detenidos-desaparecidos que dejó esa época. El nombre de Julio César, sin embargo, pudo haber quedado fuera y el mío sería el que engrosase esa oprobiosa nómina. Soy un sobreviviente. En algunas avenidas, calles y pasajes, a veces, encuentro atrapados los recuerdos de los prístinos compañeros y compañeras que ofrendaron su vida por lo que hoy tenemos. Continuará.