Se avecina la celebración que quizá se convierta en la más importante manifestación popular de los últimos tiempos. Pareciera como si la crisis a la que se ve sometida la población guatemalteca, ha venido despertando en ella, la conciencia de su propio poder y, claro, el referente que lo recuerda lo representa la Revolución del 20 de Octubre de 1944. Las organizaciones populares se preparan ya, para hacer presencia. El gobierno, que ha mantenido una ambigua posición ante la problemática nacional, aprovecha la oportunidad para presentarse como continuador de ese movimiento profundamente nacionalista y para el efecto, manda colocar en el Palacio de la Cultura tres viniles. Uno con la imagen del doctor Arévalo, otro con la del Soldado del Pueblo y otro con la del líder universitario Oliverio de León.
Y es este último caso el que, no porque no reconozca el valor que representa el joven sacrificado, que pasa a engrosar el número de quienes entregaron su vida en la lucha por una Patria Digna y Soberana, sino porque representa la animadversión del Presidente (o lo fue como candidato), a las Fuerzas Armadas. La última página de la Revolución de Octubre, lo representó la gesta patriótica de los Cadetes de la Escuela Politécnica el 2 de Agosto de 1954, a la que también le pertenece el honor de ser la primera acción de resistencia ante la intervención estadounidense.
En dicha acción cayeron (además de aquellos que quedaron en el anonimato), el Sargento 2º. Abanderado Jorge Luis Araneda, el Cabo de Cs. Cs. Luis Antonio Bosch, el C. C. Carlos Enrique Hurtarte y el soldado Lázaro Yucuté. Y es, que si los viniles representan, en su orden, al 1er. gobierno de la Revolución, al segundo gobierno, el del Coronel Arbenz, ¿no le correspondería al sargento Araneda, el cerrar el ciclo?… ¿Porqué el olvido?… ¿Por aversión, por simple olvido o por ignorancia histórica?
No podemos, ni debemos mantener ese rechazo generalizado a todo lo que represente Fuerzas Armadas. No podemos negarles a los jóvenes guatemaltecos que han escogido la carrera de las armas, su derecho a hacerlo. No podemos endilgarles a esos jóvenes estudiantes, las traiciones, el abuso o la represión que fuera ordenada desde el Pentágono y que, en lugar de tratar de explicarla para que puedan entender la responsabilidad y obligación que adquiere un joven oficial con su Patria y con su pueblo, la marcada y torpe animadversión, les coloca nuevamente enfrentados a los movimientos populares que también buscan, en su lucha una Patria que cobije a todos los guatemaltecos con dignidad.
La ignorancia, o la cobardía de gobiernos y cúpulas militares, que le tienen al habitante de la fortaleza de la Avenida de la Reforma más miedo que vergí¼enza, ha impedido el pleno reconocimiento de la gesta del 2 de Agosto, impidiendo con ello, que la juventud militar pueda comprender el porqué del sacrificio de quienes ese día, derramaran su sangre por la dignidad y el honor de nuestra Patria atropellada. Hemos permitido, por una torpe animadversión, permitido que se mantenga la especie de que la intervención e invasión a nuestro suelo por los mercenarios, nacionales y extranjeros, se debió al comunismo que se había entronizado en el gobierno del coronel Arbenz. Y con ello, en lugar de fortalecer en la juventud militar su espíritu nacionalista, al comprender el porqué lucha nuestro pueblo, lo dejamos que la «Marro» y los representantes de la oligarquía nacional y la influencia de las directrices del Norte, impongan como verdad el rechazo a toda acción reivindicativa por parte de las fuerzas populares.
Con esa errónea postura, nunca más podremos aspirar a construir un Ejército de la Revolución, porque no es ni verdad ni justo que se señale a la institución como traidores al movimiento revolucionario, cuando el Ejército no combate a la invasión. Me consta el espíritu de la mayoría de la oficialidad joven, en su deseo de combatir, rechazar y derrotar a quienes, de la mano de los intereses económicos de explotadores nacionales y extranjeros, habían invadido nuestra Patria. A lo largo de la historia, siempre hemos encontrado hombres de uniforme que han cumplido con su deber de guatemalteco.
No empañemos la celebración de un aniversario más de la Revolución de Octubre, haciéndole juego a quienes no pueden ni pensar que un día, pudieran converger las justas aspiraciones de un pueblo cada vez más dependiente, con la presencia de los uniformados, que repliquen, en estos momentos en los que nuestros hermanos del Sur, reclaman el derecho de sus pueblos a ejercer su plena soberanía.