El descalabro de los sistemas económicos que han sustentado hasta este momento a los países hegemónicos, no ha sido ninguna gracia para los magnates de Wall Street, quienes han llorado a moco tendido la pérdida del sistema. Lo mencionó el primer ministro inglés, Gordon Brown, en la reciente cumbre de Davos al decir que el mundo está ahora: «En una crisis de civilización».
No cabe la menor duda de que el antiguo mote del «Dragón dormido», refiriéndose a la China de Mao Tsé Tun, ha pasado de moda, porque los mismos países hegemónicos de Occidente han abierto todas las puertas y ventanas para que el dragón despierte y salga de su madriguera a pasearse por encima de todo el mundo.
Estamos presenciando un sismo geopolítico planetario y, asociando palabras del premio Nobel en economía, Joseph Stiglitz, y un poco de historia, se puede apreciar la medusa que conforman los países de economías emergentes: La China continental, La India, Rusia e Irán, cuyos intereses son, obviamente, el avasallamiento de los países occidentales.
La América Latina tiene ahora una oportunidad de salir de su marasmo centenario, particularmente porque puede verse la confluencia de países hacia un alineamiento en la América del Sur y uno que otro país centroamericano que está inclinándose para orbitar alrededor de ese eje. El movimiento político y económico que pretende Latinoamérica podría resultar un experimento ventajoso para escapar parcialmente de las garras de los países asiáticos emergentes y atrincherarse desde su propia fortaleza.
Si el alineamiento latinoamericano para formar un sólido bloque político y económico no surge con la elegancia de la dignidad y es devorado por la codicia de sus dirigentes, éste, por el contrario, podría fracasar y arrastrar al Sur continental del Río Grande, hacia su total aniquilación económica.
La cirugía económica y política que debe realizarse y, que de hecho ya empezó, debería ejecutarse con un bisturí fino que permita el mínimo de «Prueba y error» en la operación. Las políticas económicas que se utilicen deben estar totalmente alejadas y deben ser totalmente ajenas a las políticas del fundamentalismo neoliberal; únicamente debe verse la cantidad de millones de personas que se han quedado sin casa a raíz del «pinchón» de la burbuja inmobiliaria en los Estados Unidos. Quizás lo más triste de esta historia es que los magnates de Wall Street quieren, a la fuerza, que les rescaten sus capitales las mismas personas que ellos hundieron, dejándolos incluso sin dónde recostar la cabeza para dormir tranquilamente por las noches. De allí que el Congreso paró en seco las pretensiones de Bush y sus compinches de proporcionarles -setecientos mil millones de dólares.
El total fracaso de la economía neoliberal se pinta de luto con enormes y descoloridos caracteres ante el mundo. Es esto una vergí¼enza para los estadounidenses; mayor vergí¼enza que la caída del muro de Berlín para los soviéticos. Realmente es una vergí¼enza para el mundo occidental.
Latinoamérica tiene que despertar y aceptar el reto del cambio de civilización que ya está en marcha. Sabemos que estos son procesos de gran extensión que se desarrollan y se desenvuelven en tiempos históricos; que estarán fuera de la visión real de los seres humanos actuales, sin embargo, veremos el desenvolvimiento de los acontecimientos en el cortísimo plazo, especialmente en la parte que corresponde a los latinoamericanos. «Veamos qué pasa», decía la tía Catocha.