Efecto lluvias


Tema obligado es el de las lluvias. Continúan causando pérdidas cuantiosas en el territorio nacional. Por lo tanto el efecto prosigue en menoscabo del diario vivir en sus diversos aspectos. Reiteramos acerca de su prolongación y modalidad copiosa o torrencial como no habí­a asolado desde algún tiempo atrás.

Juan de Dios Rojas
jddrojas@yahoo.com

Sale a relucir dicho efecto dañino y su cuadro desconsolador en contra de tantí­simo damnificado. Pierden la existencia connacionales del interior y de la capital, tras correntadas de elemento natural y toneladas de lodo, tierra y arena. La mayor pérdida se focaliza en los seres humanos por el infortunio.

Queda una vez de manifiesto al hecho innegable que siempre llevan la peor parte los más necesitados, hundidos en la pobreza y su par la extrema. Habitan en sitios de alto riesgo, en las márgenes de los rí­os y barrancos, donde exponen la vida misma, carentes de posibilidad y alternativas favorables, visto está.

De esa cuenta son cientos y cientos de familias enteras albergadas mientras cesan los chaparrones. Muchos solo con lo que tiene puesto al abandonar su humilde vivienda, se acogen al transitorio alero. La ayuda satisface en parte las necesidades básicas: alimentos, agua, ropa, plásticos, colchonetas y medicinas.

Los percances viales en primera lí­nea provocan también enormes pérdidas. Heridos y casos lamentables que al acudir los bomberos y paramédicos, nada pueden hacer por salvarles la existencia. Vehí­culos sobrecargados, sin frenos seguros y excesiva velocidad implica que la impericia e irresponsabilidad influyen.

Una mayorí­a de personas al volante olvidan por completo las mí­nimas precauciones, además, lo peor, omiten que llevan bajo su cuidado a los pasajeros. Sin destinar el caso frecuente de no contar con autorización las unidades de transporta extraurbano. Hoy impera al desorden e irrespeto dondequiera.

La red vial en las diversas regiones sufre serios daños, mismos que exhiben la mala calidad de su construcción y reparaciones. Desde tiempos inveterados tal problema persiste, pese a los modernos materiales, maquinaria y personal capacitado, es de suponer que trabajan en equipos al paso del tiempo.

Resulta de lo negado el caso de confiar en que la agricultura pueda resistir o soportar la destrucción inclemente en el campo. Cosechas enormes se pierden debido al fenómeno mencionado, circunstancia que da origen a la crisis alimentaria, actualmente otro de los temibles flagelos que asolan el paí­s.

Para nadie es un secreto que no estamos preparados para enfrentar catástrofes naturales, a parte que somos demasiado vulnerables de por sí­. Hace acto de presencia la humedad que incrementa las molestias generalizadas, en el sentido de agudizar bastante los deslaves y derrumbes, aquí­ y allá.

Tampoco es de pasar inadvertido la condición palpable de las limitaciones que agobian a las familias albergadas. Pasan limitaciones materiales y dificultades aní­micas, inclusive enfermedades contraí­das previo a someterse al hacinamiento donde son atendidas en calidad de verdades emergencias.

Cabe puntualizar que hasta el momento se atiende los problemas más urgentes devenidos del largo y copioso clima lluvioso que llegó, parece para quedarse. El factor económico lo impide, a la luz de ser insuficientes los recursos con destino a toda la población damnificada. Dichos albergues comunitarios funcionan en diez departamentos, palabra mayor.