Buscan medicamentos en lí­quenes


Cientí­ficos costarricenses, en conjunto con dos universidades estadounidenses, investigan las propiedades de los lí­quenes de Costa Rica con la esperanza de encontrar nuevas sustancias medicinales, informó el Instituto Nacional de Biodiversidad (INBio).


«INBio inició el estudio de lí­quenes hace seis años, con un inventario en todo el paí­s. Desde el 2006, en asocio con investigadores de las universidades de Michigan y Harvard, investigamos los componentes quí­micos que los lí­quenes producen», dijo la coordinadora del área de Bioprospección del INBio, Giselle Tamayo.

El equipo de investigadores ha logrado colectar cerca de un centenar de lí­quenes, una asociación de algas y hongos que viven en relación simbiótica y a los que en ocasiones se vinculan cierto tipo de bacterias.

Las muestras son enviadas a los analistas en Estados Unidos, que las someten a diferentes pruebas biológicas.

«En el caso de los lí­quenes, nosotros estamos haciendo la caracterización de las moléculas, y en Harvard y Michigan se hacen las pruebas biológicas», precisó Tamayo.

La investigación ya ha producido algunos resultados alentadores, como el descubrimiento de sustancias que podrí­an tener propiedades antibióticas o servir para el tratamiento de la malaria, el cáncer o el mal de Alzheimer.

En particular, se ha extraí­do una sustancia de un liquen en las formaciones rocosas del volcán Arenal, unos 80 km al norte de San José, que tiene una acción antibiótica nueva.

Sin embargo, Tamayo aclaró que la investigación se encuentra aún en una etapa muy temprana y que podrí­an pasar de 15 a 20 años antes del desarrollo de nuevos productos medicinales a partir de estos organismos.

«Tenemos fe de que algo muy importante va a salir de aquí­», manifestó la cientí­fica.

Tamayo explicó que existe un acuerdo entre el INBio y las universidades norteamericanas, en el cual se prevé la participación de las tres partes en los beneficios que eventualmente se produjeran del desarrollo de medicamentos a partir de esta investigación.

«Esos beneficios que se reciban serí­an compartidos equitativamente con el área o las áreas de conservación (costarricenses) de dónde se obtuvieron esos recursos genéticos», explicó Tamayo.