América Latina registra la tasa más alta de homicidios en el mundo con 27 asesinatos por cada cien mil habitantes, dijo este martes el presidente de México Felipe Calderón, quien urgió a Estados Unidos a trasladar recursos similares a los de la Iniciativa Mérida al resto de los países de la región.
«Importante es que iniciativas como estas (Mérida) se trasladen también a nivel continental, porque continental es el problema de la criminalidad y la delincuencia organizada», dijo Calderón al inaugurar en la Ciudad de México la I Reunión de Ministros en Materia de Seguridad Pública de las Américas.
El mandatario mexicano habló ante los 34 representantes de los ministerios de Justicia de los países miembros de la Organización de Estados Americanos (OEA) y mencionó algunas de las cifras que hacen de la «preservación de la seguridad pública el desafío más importante», añadió.
«La OEA señala que mientras el promedio mundial es de cinco homicidios por cada cien mil habitantes, en América Latina tenemos un promedio de unos 27 homicidios por cada cien mil habitantes», detalló.
La incidencia delictiva, según la más reciente encuesta del Latinobarómetro, indica que en 1995 el 29% de los latinoamericanos había sido víctima de un delito pero para 2007 el porcentaje se elevó al 38%.
Una estimación reciente de Naciones Unidas dice que «a pesar que esta región sólo representa el 8% de la población global, el 75% de los secuestros del mundo tuvieron lugar en esta región», sostuvo el presidente mexicano.
Según Calderón el costo de la inseguridad es del 15% del Producto Interno Bruto en América Latina.
En ese sentido llamó a los países americanos a coordinarse en acuerdos y mecanismos que permitan combatir la delincuencia y el crimen organizado y propuso crear una base de datos sobre la criminalidad en toda la región para identificar a las redes de narcotraficantes, sus flujos financieros y modus operandi.
También instó a Estados Unidos a hacer efectivos los recursos del Plan Mérida porque el crimen organizado no espera, así como a combatir el consumo y distribución de droga en su propio territorio.