Toda una era se derrumbó, como se derrumbaron las Torres Gemelas, el propio símbolo del poderío que construyera el presidente Nixon desde 1970, al eliminar de un plumazo la estructura económico financiera que se creara en Breton Woods. La visión del complejo al que Eisenhower previniera debiéramos cuidarnos a su salida de su presidencia, la creación de un «Nuevo Orden Mundial» fracasó una vez más. Las crisis que se generaran en los Estados Unidos durante los años 1822, 1842 y 1857, al querer imponer el sistema británico de Economía, mejor conocido como «Libre Comercio», ha fracasado una vez más y con este fracaso, entierra la moneda que significó durante cerca de 40 años la hegemonía económica de ese país sobre el mundo.
La compleja madeja de medidas económico-políticas que llevaran a la creación, largamente soñada, de la restauración del «Sacro Imperio Romano» de Carlomagno, tiembla también amenazando con destruir la Unión Europea, cuyos principales líderes, los representantes de Alemania, Francia, Italia y Gran Bretaña se reunieran el pasado sábado en busca de soluciones que permitan sobrevivir a sus tambaleantes economías. Las ideas expresadas en dicha reunión no pudieron llegar más que a la decisión de que cada una de ellas trate de salir del entrampamiento por sí mismas, lo cual representa, prácticamente, la violación al Tratado de Maastrich. Ni más ni menos que la grieta más visible en la estructura creada.
El terremoto producido, fundamentalmente por la ambición desmedida de quienes se han dedicado a saquear las riquezas de los países del Tercer Mundo, especialmente en esos últimos casi 40 años, alcanza los cuatro puntos cardinales del mundo y, a pesar de que habrá países que pudieran paliar, más o menos la crisis, los efectos de la estrepitosa caída se harán sentir globalmente. El sistema, en su presente forma está muerto. Los intentos de la privada Reserva Federal de revivirlo, mediante el «salvataje» de billones y aún más, recetado al pueblo estadounidense, que ve con sorpresa como, quienes se dedicaron a inventar los juegos de azar económicos, los especulativos derivados financieros que alcanzan trillones de dólares, pretenden hacer pagar al pueblo los platos rotos, son por demás. El sistema en su forma actual colapsó.
Las figuras visibles en la presente crisis, no son quienes son. Son solamente las comparsas que, al quitarse las caretas, dejan ver las de quienes aún hoy, pretenden rescatar el sistema, sacando, ¡para variar! Raja a la situación de crisis. Henry Paulson principal protagonista de la solicitud de otorgar 700 billones de dólares al rescate y Alan Greespan «el genio de las finanzas» de hace apenas diez años, son criaturas nacidas del vientre del Banco Goldman Sachs, dejando de esta manera en el panorama bancario a tres supergigantes: Citibank (tantas veces señalado como vehículo para manejar los fondos del narcotráfico), JP Morgan y el propio Goldman Sachs.
Y entre todo este enredo, el calificado de «estúpido» presidente Bush, a pesar de que solamente representa el instrumento utilizado por la oligarquía mundial para usar el poderío de los Estados Unidos para construir ese Nuevo Orden Mundial anunciado por papá Bush en 1982, no ha resultado tan estúpido, sino solamente el personaje nieto de quien, en 1934 intentara un complot para derrocar al presidente Roosevelt: el banquero Prescott Bush, el mismo que, entre otros banqueros ingleses financiaran el ascenso de Adolf Hitler al poder en Alemania.
La crisis desatada por los derivados financieros no termina aún. Y en el estertor de su muerte, conlleva también el peligro que su desesperación provoca. El pueblo estadounidense que empieza a despertar, bruscamente, de un prolongado ensueño. La vida artificial y vana a la que le empujaran llegó a su fin. Y quienes se han aprovechado de ellos, pretenden hacerles pagar, con sus impuestos, sus desmanes. Quienes dicen representar a ese mismo pueblo, asustados ante las dimensiones de la crisis, sin entender los alcances de sus irreflexivos actos, aprobaron el salvataje. Bush se apresuró a firmarlo y convertirlo en ley…de hoy en adelante, las manifestaciones populares de rechazo que se empiezan a producir, son ilegales. Además, podrían poner en peligro la estabilidad del país. Colofón?¡el ejército puede ser llamado para reprimirlas!
Mayor riesgo corre el mundo ante la desesperación de quienes ven que su proyecto se derrumba y en la necesidad de desviar la atención de una población en efervescencia, podrán desatar una «guerra rápida», para lograrlo.
Cuando veas las barbas de tu vecino arder, ¡pon las tuyas a remojar!