El pueblo drogadicto, la OEA y la familia gringa


El Presidente actual de la Organización de Estados Americanos OEA, el Sr. Inzulsa, ha convocado a una reunión a los paí­ses miembros en busca de alguna fórmula mágica para librarnos, a los latinoamericanos, de la galopante violencia que, ahora nos tiene de rodillas. Pareciera que habiendo llegado al lí­mite de la alienación, nos sabemos y nos sentimos enfermos.

Dr. Carlos Pérez Avendaño

Se reconoce que es el narcotráfico el que subyace como la causa básica de la violencia, y a ello se debe la importancia que se le está dando al combate del mismo mediante el incremento de las fuerzas armadas. Bueno… no se necesita ni dos dedos de frente para llegar a esa muy acertada conclusión a la que llega cualquier Jefe de Gobierno y que es principalmente bienvenida por ese militarismo de tan cortos alcances. Y está bien, porque en un momento como el actual en el que precisan medidas urgentes a muy corto plazo, y en el que la defensa propia no es solamente un derecho sino una obligación, pues no hay de otra.

Sin embargo, y lo menciono por enésima vez, mientras no se combata el consumo de la droga, consumo del cual la sociedad norteamericana es su principal clientela, no habrá ejército que valga.

¿Por qué será que ninguno de los candidatos gringos a la presidencia del paí­s de los trillones ha expresado opinión sobre ese tema? Y no me refiero, repito, al combate a la droga mediante el uso de la fuerza bruta. No. Me refiero, nuevamente a que ningún candidato gringo ha tratado de responder a la pregunta. ¿Qué hacemos para que nuestra juventud ya no consuma tanta droga?

Desconozco cuáles son las cuantiosas cantidades de dólares que el pueblo norteamericano gasta para la compra de coca, crack y marihuana, pero puedo afirmar que si algún experto en sociologí­a, mercadologí­a, o economí­a nos pudiera informar, estoy seguro que será mucho, mucho más que billonadas de las cuales se beneficia el narcotráfico. Precisa acabar con ese negocio. Pero, lo más importante, el consumo de droga que ahora se hace hasta el hartazgo, está pudriendo a la juventud gringa y deberí­a ser reconocido como tal por la sociedad norteamericana y sus gobernantes, quienes deberí­an aceptar con humildad ese problema y así­ también aceptar la obligación de afrontarlo de buena fe y con inteligencia. Es difí­cil comprenderlo y aceptarlo, pero, la droga, no deberí­a ser prohibida. Deberí­a permitirse su cultivo, su libre comercio y su libre consumo. También deberí­a aceptarse que es deber de la familia el educar a los hijos.

El Sr. Insulza deberí­a plantear ahora, a los paí­ses latinoamericanos, el problema que para nosotros constituye el excesivo consumo que, de la droga, hace el pueblo gringo. Es así­ que, una de las conclusiones de esta asamblea de la OEA deberí­a ser el que solicitara al gobierno de los Estados Unidos su aceptación de ese problema y la consecuente elaboración de un inteligente y sincero plan de acción a fin de que la juventud gringa vuelva a su redil.

Precisa involucrar a la familia norteamericana como a la entidad responsable, tal y como hasta hace algunas décadas lució como el ejemplo de rectitud, honradez y desarrollo integral.

Me pregunto cuál irá a ser la reacción de los delegados gringos en la Asamblea de la OEA cuando veinte dedos latinoamericanos les señalen como los verdaderos culpables en el problema esclavizante de la droga.

Haber si la OEA hace algo.