Baja en combustibles


Tocante al precio internacional es considerable. Sin embargo, aquí­ representa mí­nima reducción, equivalente a cuentagotas. Hay diferencia abismal, imposible de ocultar. Pero, nadie da explicaciones al respecto, y según -trasciende, esto obedece a una lista extensa de factores, todos de alto poder.

Juan de Dios Rojas
jddrojas@yahoo.com

Responde a presiones geopolí­ticas, inclusive al gobierno central convienen las alzas en mención, por cuanto las cargas tributarias son mayores. Por lo consiguiente, es un cerrojo, difí­cil permita la muy esperada rebaja. Luego entonces es uno de los motivos generadores del problema aludido aquí­ en volandas.

Sin desestimar otra de las causas del encarecimiento. Los distribuidores o gasolinerí­as ponen su cuota avorazadora, a extremo de abuso. Pese a nuevos embarques, los ignoran para su conveniencia, hasta roncarles la gana. Algunas ni siquiera fijan, como es su obligación, los precios a la venta del público.

Unos y otros integran una cadena beneficiosa que satisface sus intereses calificados de leoninos. íšnicamente ven el derecho de su nariz superlativa. Respecto a la solidaridad, nada de nada. Aquí­ está en juego el egoí­smo recalcitrante, capaz de mantener estáticos los precios de los combustibles de marras.

Salta a la vista como en relación a los negocios en general se revierte el comportamiento de sus propietarios y administradores. A la postre tal actividad semeja a los fenicios modernos, pero a ultranza; alagartados en extremo de cara a hacer fortuna a costa de una explotación inicua y permanente.

Los paí­ses productores del oro negro, tipo rey Midas, pierden los sentimientos humanitarios, animados sólo de amasar fortuna-reitero-sea como sea. La avaricia imperante mantiene en vilo al resto de paí­ses. Cuentan con aliados en serie, circunstancia que ocasiona un desbarajuste económico, -máxime a quienes se denominan subdesarrollados.

A propósito del enorme problema enseñoreado de nuestro paí­s, constituye en todos los órdenes de la vida. A sabiendas que las alzas del petróleo se trasladan pronto en la canasta básica, hoy por hoy ésta conforma algo de verdad inaccesible a sectores de ingresos insignificantes, del orden de subsistencia.

Todo debido al irresoluto problema y sus crí­ticas consecuencias. En razón a que las autoridades que por naturaleza de sus supuestas funciones tienen siempre la respuesta consistente es la situación del libre mercado. Por eso mismo sale al desnudo que estamos sin nadie que defienda a la población mayoritaria.

Queda demostrado una vez más, ante la negligencia y flojera de nuestras autoridades, el caso de ser Guatemala adonde el precio de los combustibles es el más caro de Centroamérica, para no referirnos a otras latitudes de America Latina, que cuentan con grandes reservas del llamado oro negro.

En pocas palabras dicho mecanismo de detener la rebaja de los llevados y traí­dos carburantes, actualmente noticia de primer impacto mundial, viene a ser tremenda estrategia. Capaz de tener sobradas ventajas a quienes constituyen la cadena aludida. Por eso estamos bien reventados, digan lo que digan.

A este paso de tortuguismo operado en la reducción del precio de los combustibles, llegaremos indudablemente a fin de año casi en el mismo estado de cosas. Nuestros gobernantes perdieron el norte y olvidan que su atribución esencial es velar porque la calidad de vida no se pierda jamás.