Sombrí­as perspectivas del cambio climático


Una de las ventajas de contar con el servicio de Internet es que se puede ingresar a sitios cibernéticos en los que se ubican informaciones que regularmente no publican los diarios, como el tema que abordaré hoy referido a las sombrí­as perspectivas del cambio climático.

Eduardo Villatoro
eduardo@villatoro.com

Sara Larraí­n, directora de la Ong Programa Chile Sustentable, escribió un artí­culo para Tierramérica, en el que advierte que si anteriormente el cambio climático sólo era una evidencia cientí­fica, actualmente se trata de un urgente imperativo polí­tico, por lo que asumirlo constituye un impresionante desafí­o y el reto más estructural para la economí­a mundial.

En lo que atañe a América Latina, se pronostica un severo aumento de la temperatura para las próximas décadas, entre 0.6 y 1.2 grados para el año 2020 y entre 1.8 y 4.5 adicionales hacia 2080; más reducción de las lluvias -cuyos cambios afectarán los ambientes continentales y la disponibilidad de agua para el consumo humano-, generación eléctrica y producción agrí­cola, así­ como habrá mayor deterioro forestal y de ecosistemas de montañas y más desertificación: mientras que los sectores con mayor impacto social, económico y ambiental serán la agricultura, el abastecimiento de agua y la salud de la población.

Para los paí­ses latinoamericanos que dependen en gran medida de los ingresos por producción, procesamiento y exportación de hidrocarburos, y exportación de materias primas, la mitigación de este fenómeno es un serio enfrentamiento, y de ahí­ que estas naciones deben diseñar estrategias que impliquen menor consumo de capital natural y más generadores de empleo; pero también requiere de nuevos diseños en la planificación urbana, medios de transporte e infraestructura energética, con acento en la eficiencia energética, precisamente, y en el desarrollo de fuentes renovables no convencionales.

Pese a ese pesimista panorama, América Latina tiene un gran potencial para la mitigación biológica de los cambios climáticos, es decir, la conservación de ecosistemas existentes y mayor secuestro de dióxido de carbono, por aumento del tamaño de las reservas de ese gas de efecto invernadero.

Grupos de bosques, tierras agrí­colas y otros ecosistemas terrestres en los paí­ses de la región pueden conservar y secuestrar mucho carbono -precisa la doctora Larraí­n- , dando tiempo a que los cambios tecnológicos y los nuevos patrones de producción y consumo se desarrollen e implementen; pero este potencial debe traducirse en un compromiso polí­tico que no se ha materializado.

Cabalmente por la indiferencia de gobiernos, organizaciones polí­ticas y empresariales ante el cambio climático, es que muchas veces a uno de columnista se le menguan los ánimos de escribir sobre este fenómeno, que, incluso, no le importa a la mayorí­a de la población, que permanece impávida, como si no pudiera afectar a las generaciones presentes y futuras.