Una de las ventajas de contar con el servicio de Internet es que se puede ingresar a sitios cibernéticos en los que se ubican informaciones que regularmente no publican los diarios, como el tema que abordaré hoy referido a las sombrías perspectivas del cambio climático.
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Sara Larraín, directora de la Ong Programa Chile Sustentable, escribió un artículo para Tierramérica, en el que advierte que si anteriormente el cambio climático sólo era una evidencia científica, actualmente se trata de un urgente imperativo político, por lo que asumirlo constituye un impresionante desafío y el reto más estructural para la economía mundial.
En lo que atañe a América Latina, se pronostica un severo aumento de la temperatura para las próximas décadas, entre 0.6 y 1.2 grados para el año 2020 y entre 1.8 y 4.5 adicionales hacia 2080; más reducción de las lluvias -cuyos cambios afectarán los ambientes continentales y la disponibilidad de agua para el consumo humano-, generación eléctrica y producción agrícola, así como habrá mayor deterioro forestal y de ecosistemas de montañas y más desertificación: mientras que los sectores con mayor impacto social, económico y ambiental serán la agricultura, el abastecimiento de agua y la salud de la población.
Para los países latinoamericanos que dependen en gran medida de los ingresos por producción, procesamiento y exportación de hidrocarburos, y exportación de materias primas, la mitigación de este fenómeno es un serio enfrentamiento, y de ahí que estas naciones deben diseñar estrategias que impliquen menor consumo de capital natural y más generadores de empleo; pero también requiere de nuevos diseños en la planificación urbana, medios de transporte e infraestructura energética, con acento en la eficiencia energética, precisamente, y en el desarrollo de fuentes renovables no convencionales.
Pese a ese pesimista panorama, América Latina tiene un gran potencial para la mitigación biológica de los cambios climáticos, es decir, la conservación de ecosistemas existentes y mayor secuestro de dióxido de carbono, por aumento del tamaño de las reservas de ese gas de efecto invernadero.
Grupos de bosques, tierras agrícolas y otros ecosistemas terrestres en los países de la región pueden conservar y secuestrar mucho carbono -precisa la doctora Larraín- , dando tiempo a que los cambios tecnológicos y los nuevos patrones de producción y consumo se desarrollen e implementen; pero este potencial debe traducirse en un compromiso político que no se ha materializado.
Cabalmente por la indiferencia de gobiernos, organizaciones políticas y empresariales ante el cambio climático, es que muchas veces a uno de columnista se le menguan los ánimos de escribir sobre este fenómeno, que, incluso, no le importa a la mayoría de la población, que permanece impávida, como si no pudiera afectar a las generaciones presentes y futuras.