Servilismo y autoestima


Dentro del concepto de servilismo encontramos el siguiente: Ciega, baja obediencia y adulación a la autoridad. Es increí­ble con qué frecuencia observamos esta conducta en nuestra sociedad. En algunas ocasiones he tenido la oportunidad de participar en mesas directivas, con honorables intelectuales, lo digo porque se sabe que al menos piensan, quienes oyen, sonrí­en y solo oyen sin contradecir nada, sin poner su punto de vista a discusión, siguiendo y siguiendo… la corriente de quien ejerce mayor poder dentro del grupo.

Dra. Ana Cristina Morales Modenesi
crismodenesi@gmail.com

Adulando lo inaudito, festejando la insensatez, anulándose a sí­ mismas/os ante el discurso de sus superiores. Hablando lo que se desea oí­r, callando lo que no puede ser escuchado. Este tipo de conducta se repite y se repite desde todas las jerarquí­as, lo que no permite establecer un pensamiento autónomo, democrático, analí­tico, sintónico con la justicia y la verdad.

El servilismo conduce a una baja autoestima, a la depreciación de nuestro ser y es resultado de una conducta ligada al miedo, a las represalias, a la necesidad de obediencia para no caer en el ostracismo y el aislamiento.

Tengo un amigo que dice que existen muchas mulas en el mundo, pero, ¿Quién se los hace saber? Si no existe el suficiente valor para expresar la verdad y recurrir al discernimiento.

El servilismo se encuentra en yuxtaposición al respeto y al amor a sí­ mismo. Pero pareciera que nuestra cultura solicita y pretende seres serviles en ella. Quien se sale de la norma, ocupa un lugar de transgresor y tiene que asumir todas las consecuencias de las represalias que ello implica.

Las normas sociales pueden cambiar dependiendo de las necesidades de los jefes de mayor jerarquí­a; lo que hoy por hoy queda establecido, mañana a saber. Y esto sucede en todo tipo de instituciones, públicas y privadas, desde colegios hasta autoridades gubernamentales.

El pensamiento es condenado cuando contradice o cuestiona a la autoridad. Y entonces todas y todos callamos. Convirtiéndonos en cómplices de otras personas.

En una reunión conocí­ a una señora encantadora quien realizaba este cuestionamiento a su sacerdote. Ella le decí­a lo siguiente: «Padre, si yo miro y observo injusticias en mi paí­s, y solo callo, ¿Estaré cometiendo el pecado de omisión? Al parecer no hubo mayor eco a su pregunta.

Nuestra autoestima se conforma no solamente de factores psicológicos internos, sino, también de nuestra interacción social, de nuestro sentido de identidad como guatemaltecas y guatemaltecos que somos. De nuestra responsabilidad social ante los menos afortunados, los que sufren extrema ignorancia y pobreza. Los que no pueden hablar, porque su vida y las de su familias dependen de mantener un puesto de trabajo a toda costa, incluyendo el permitir ser ofendidos o humillados por otros.

Este tipo de discrepancias, la inhabilidad para negociarlas, el irrespeto por otros seres humanos contribuye a fomentar la conducta servil por quienes se encuentran abajo y la prepotencia de la autoridad. Esto no es un acuerdo social inteligente; de una u otra manera, todas y todos nos estamos hundiendo en el mismo barco.