Nuestro sistema de justicia sigue siendo extremadamente deficiente. El que manifieste desacuerdo con este criterio es porque interesadamente forma parte del mismo o simplemente se puso una venda sobre los ojos y tapones en los oídos para no percatarse del sinnúmero de deficiencias que a diario se plantean en Guatemala por los medios de comunicación, a grito pelado o en voz baja. Entonces, ¡por favor!, no vengan a decirnos más sabiondos extranjeros lo que todos sabemos de sobra, pues resulta redundante, aparte de inútil para solucionar los problemas, objetivo que se persigue fundamentalmente al contratar o convenir una asesoría.
Pero como de costumbre, cuando a los de las Cortes le dicen sus verdades se ponen los moños y alegan no emitir sentencias subjetivas; haber presentado reformas a las leyes vigentes; que lo que hace falta es coordinación y eliminar la falta de comunicación; que no todos los jueces son corruptos y hasta que en buena medida también lo son los abogados litigantes. En fin, que para alegar ¡vaya si no son buenos!, ¿pero eso, al pueblo, harto, cansado, desesperado y frustrado qué le importa? Es cierto, todo el mundo puede defender el derecho de su nariz, pero eso no es lo importante; lo valioso radica en que en nuestro país se perdió la credibilidad, confianza y respeto por la justicia y eso no puede ni debe seguir así.
Lo anterior va para todos los ámbitos de nuestra justicia, desde la Honorable Corte Suprema, Corte de Constitucionalidad, Tribunal Electoral, Procuradores, Contralores, Fiscales, Salas, Juzgados y cuanta dependencia del ramo se les ocurra mencionar. Deben entender, de una vez por todas, que la credibilidad en la justicia guatemalteca se perdió. A quien no lo crea, le recomiendo que agarre un avión y se vaya al Japón, a la China, a los Estados Unidos de América, a Chile, a Colombia, a Costa Rica o a El Salvador y ustedes mismos podrán comprobar el triste papel en que se encuentran nuestras instituciones.
Si lo que hace falta es coordinación ¡pues háganla!, si lo que no hay es buena comunicación ¡pues constrúyanla!, si lo que no hay es buena voluntad ¡pues renuncien!, si lo que hace falta es legislación ¡pues redáctenla! Pero por favor, no sigan dando pábulo a que se hable pestes de todos los operadores de justicia, como hasta el momento de escribir este comentario se ha venido haciendo. Es que no hay día de Dios que no salga de la cárcel un tramposo ex funcionario riéndose a carcajadas porque el mismo dinero de los fondos públicos que se embolsó le haya servido para comprar todo lo necesario y se vaya a gozar de la vida a todo dar. Tampoco nunca falta en nuestra dieta diaria, el politicón que salga sonriente ante las cámaras, porque la mentada inmunidad de que disfruta le sirva para hacer lo que le da la gana. ¿Para qué seguirle dando tantas vueltas al asunto?