Debo decir que soy nonagenario, para que se comprendan mis meditaciones.
Cómo se nos enseñaba de niños a celebrarla.
Mi recuerdo es que nos estimulaban a ondear la bandera azul y blanco, y cantarle al ave de la libertad, el quetzal, el himno de Guatemala.
Qué se nos decía en la escuela al arribar a la pubertad y al inicio de la adolescencia.
Que la gesta de los próceres se debía principalmente a los nacidos en la Provincia de Guatemala, aunque no omitían a José Cecilio del Valle, oriundo de Comayagua, Honduras. Pero ya adolescentes sabíamos de los desacuerdos entre las personalidades de políticos criollos, unos partidarios de independizarse de España y otros, no. Tampoco se nos ocultó que no pocos grupos de la clase dominante criolla, carecían de voluntad política para declarar una plena independencia de las Provincias Unidas de Centroamérica, pues si bien deseaban ya no pertenecer a una colonia hispana, aspiraban unos a anexarse al Imperio Mexicano de Agustín de Iturbide o a los Estados Unidos de América.
Asimismo, nunca se nos dijo la verdad: que la mayoría de los criollos próceres independentistas querían liberarse del yugo colonial, pero para seguir haciendo ellos lo mismo que los Fuentes y Guzmán, distanciados de los peninsulares, o sea seguir explotando las riquezas que habían sido de los aborígenes, e incluso directamente a ellos, mediante la institución jurídica del trabajo forzado. Vejación que duró desde el siglo XVI hasta octubre de 1944, cuando fue abolida por la Junta Revolucionaria de Gobierno.
Poco énfasis ponían nuestros mentores en el hecho que la genuina declaración de independencia no había sido la del 15 de Septiembre de 1821, sino la del 1°. de Julio de 1823, de la Asamblea Nacional Constituyente:
«Las Provincias Unidas de Centro América son libres e independientes de la antigua España, de Méjico y de cualquiera otra potencia, así como del antiguo como del nuevo mundo; y que no son ni deben ser el patrimonio de persona ni familia alguna»
Declaración de vigencia secular, porque es deber nuestro, en este septiembre del 2008, hacerla realidad, por la situación actual que se describe al final de este artículo.
Respecto al largo período de la invasión española, de 1524 a 1821, se nos daba a conocer cómo el de la civilizadora era de casi tres siglos y de cristianización de la población idólatra aborigen, aunque no se nos privó del conocimiento de las masacres crueles de los conquistadores.
Los guatemaltecos sí sabíamos del heroísmo de los Reyes Quichés y de Tecún Umán, y su duelo con Alvarado. Pero desconocíamos muchos episodios de la histórica resistencia de la población natural. Por ejemplo, que los quichés libraron siete grandes y cruentos combates antes de ser dominados. Que los aborígenes combatieron a orillas del río Samalá, en Zapotitlán, varias batallas en Xelajú, en Sololá, el levantamiento de los Cakchiqueles, quienes libraron durante siete años una guerra de guerrillas que estuvo a punto de acabar con los invasores españoles.
Menos se nos había informado la complicidad del Vaticano con los invasores ibéricos en el Nuevo Continente, pues el Papa romano, en los años veinte del siglo XVI, ungió a la Corona Española de señorío, que consagró el despojo de sus tierras a los habitantes aborígenes de todas las regiones de las «Indias occidentales», y los invasores impusieron la propiedad privada de la tierra, desconocida en la milenaria cultura de nuestros pueblos mayenses y de otras etnias, cuyo régimen de propiedad era comunitario. Ese pecado capital de aquel Santo Padre, de haber regalado lo ajeno (las tierras del Nuevo Mundo) al Reino de España, dio origen a la pobreza secular de nuestros pueblos y, como dijera recientemente un guía espiritual aborigen. «Cuando vinieron los españoles nosotros teníamos la tierra y ellos tenían la Biblia Ahora, nosotros tenemos la Biblia y ellos tienen la tierra», si no ya los españoles sí sus herederos.
Debido a ese despojo y al sometimiento de los pueblos aborígenes de Guatemala, o sea más del sesenta por ciento de los guatemaltecos, al servicio de minorías oligárquicas durante ya casi quinientos años, han carecido de libre autodeterminación, nunca han sido soberanos ni independientes
Pero el resto de la población guatemalteca – los pocos criollos que quedan y los ladinos, mejor dicho mestizos, que habernos? no somos ciudadanas ni ciudadanos de un Estado independiente, ni nunca lo hemos sido, salvo durante la década de 1944-1954.
Digo lo anterior, porque de 1524 a 1821, las Provincias Centroamericanas, en cuenta lo que hoy es la República de Guatemala, fueron colonias de España. Más o menos de 1821 a 1871, el Estado de Guatemala no tuvo plena independencia, porque en esa época, constantemente estuvo amenazado por el imperialismo de la Gran Bretaña, que incluso se adueñó de buena parte de su territorio, Belice. Además, a mediados del siglo XIX, se inició la acometida invasora de los Estados Unidos de América, en Centro América, valiéndose de corsarios, como el filibustero William Walker. Pero esa vez los centroamericanos unidos, terminamos con el invasor, acción histórica que debiera ser, por siempre, nuestra guía. En Guatemala, el presidente Rafael Carrera, conservador, sabiendo de la capacidad combativa de ellos, no tuvo óbice para pedirle a Serapio Cruz y su hermano, entonces guerrilleros liberales, alzados en armas para derrocar a Carrera, que fueran a combatir a los piratas invasores a Nicaragua. Y los Cruz aceptaron y contribuyeron a la derrota del invasor.
Sin embargo, Justo Rufino Barrios, ya en los años setenta del siglo XIX, no sólo cedió a México Chiapas y El Soconusco sino abrió las puertas, de par en par, al Imperio del Banano. Y, los gobiernos liberales que vinieron después entregaron a intereses foráneos, alemanes y estadounidenses, la soberanía del país y gran parte de sus riquezas naturales.
Ante ese vergonzante y antipatriótico pasado histórico es de preguntarse ¿Qué sucedió en la década de 1944-1954?
Es el único periodo de la historia de Guatemala en el que el Estado y la población de Guatemala no estuvieron sometidos a ninguna potencia extranjera. Una vez más pido a los historiadores me desmientan si estoy equivocado.
Y, ahora, ¿cuál es la situación?
Desde 1954 hasta la fecha la oligarquía guatemalteca en el poder, así como las Fuerzas Armadas, la mayoría de los partidos políticos, y los gobernantes, militares o civiles, todos, sin excepción han aceptado y, lo peor deseado, estar a las órdenes de los intereses económicos de las empresas transnacionales estadounidenses y canadienses, aliadas de las redes imperialistas yanquis. Pero, también bajo las órdenes militares impartidas en el Pentágono y ejecutadas por la resucitada 4a. Flota. Y como consecuencia, Guatemala, no es una República, libre, soberana, ni independiente. (En próximo artículo daré a conocer la bien fundamentada opinión, del Frente Popular por la Soberanía, la Dignidad y la Solidaridad en Guatemala (Frente Popular (SDS), del cual soy miembro, respecto a la Independencia.