Arden las relaciones entre Estados Unidos y América Latina


Un hombre camina frente a un grafitti que simboliza a George W. Bush, presidente de Estados Unidos, parodiado como el Tí­o Sam, en una de las calles de Caracas, Venezuela.

Todo marcha mal entre Estados Unidos y América Latina: de Buenos Aires a La Paz y Caracas, Washington es acusado de fomentar golpes de Estado para derribar los actuales regí­menes, y algunos de ellos se vuelven hacia Rusia, como en el tiempo de la Guerra Frí­a.


Por parte de los presidentes venezolano Hugo Chávez y boliviano Evo Morales, las acusaciones en contra del gobierno del presidente George W. Bush no tienen nada de sorprendente.

Pero hasta Argentina, aliada tradicional de Estados Unidos, atacó el gobierno de Bush el jueves acusándolo de utilizar «con fines polí­ticos» para desestabilizar a la presidenta Cristina Kirchner un proceso judicial en marcha en Miami, sobre un contrabando de dinero presuntamente destinado a financiar campañas electorales.

Chávez acusó a Estados Unidos de haber lanzado un «nuevo asalto imperialista» en la región y acusó a Washington de fomentar una tentativa de golpe de Estado y de asesinato en la que habrí­an participado tres militares -un vicealmirante y dos generales retirados.

El presidente venezolano anunció el jueves en una manifestación pública la expulsión en 72 horas del embajador estadounidense en Caracas, en solidaridad con Bolivia. «Váyanse al carajo, yanquis de mierda», lanzó.

Chávez afirmó que la presencia de dos bombarderos rusos desde el miércoles en Venezuela constituí­a una «advertencia» para Washington.

«Rusia está con nosotros (…). Somos unos aliados estratégicos. Es un mensaje al imperio (estadounidense)», añadió en momentos en que las relaciones entre Moscú y Washington están en un nivel muy bajo tras la crisis en Georgia, haciendo temer una nueva Guerra Frí­a.

Chávez dijo estar preparado para intervenir en caso de que su aliado boliviano Evo Morales sea ví­ctima de un golpe de Estado, mientras que el paí­s, confrontado con una profunda crisis polí­tica, era presa esta semana de manifestaciones violentas entre partidarios del gobierno y los militantes de la oposición.

Morales decretó por su parte el miércoles que el embajador de Estados Unidos en Bolivia, Philip Goldberg, era una persona non grata, y lo acusó de animar el separatismo en el paí­s.

«El que busca la división de Bolivia, es el embajador de los Estados Unidos», declaró el presidente boliviano, acusando a Goldberg de animar los disturbios en cinco de nueve departamentos del paí­s dónde se rechaza el proyecto de nueva Constitución que el gobierno piensa hacer aprobar en enero por un referendo popular.

Gran defensor de los productores de coca, Morales se opone a Estados Unidos en su lucha contra el cultivo de esta planta que sirve para la fabricación de la cocaí­na, y acusa al USAID de apoyar a los opositores de derecha.

Estados Unidos respondió el jueves declarando al embajador de Bolivia en Washington, Gustavo Guzmán, persona non grata.

El tercer foco de tensión para los estadounidenses en América Latina se ubica más al sur. Argentina protestó el jueves contra declaraciones de un fiscal de Miami que implican a la presidenta Cristina Kirchner, en ocasión del proceso de cuatro sudamericanos, acusados de ser agentes del gobierno venezolano mezclados en un asunto de contrabando de dinero al paí­s rioplatense.

La fiscalí­a estadounidense sostuvo que 800.000 dólares que intentaban ser introducidos clandestinamente en Argentina por un empresario venezolano-estadounidense que viajaba en un avión fleteado por una empresa estatal argentina, tení­an como destino la campaña electoral de Cristina Kirchner.

Las «afirmaciones irresponsables del fiscal (en Miami) teniendo como base materiales fabricados y producidos por el FBI, es decir con consentimiento de las autoridades polí­ticas de Estados Unidos (…) implican un uso indebido de un asunto judicial con fines polí­ticos», protestó la Cancillerí­a argentina por medio de un comunicado de prensa.

Sean McCormack, portavoz del departamento de Estado aseguró que las acusaciones de Chávez y Morales son «infundadas» y trasladó las cuestiones del proceso de Miami al departamento de Justicia.

«Esto no es un mundo tranquilo», concluyó, intentando minimizar la aparición de estos nuevos focos de tensión.

Gran defensor de los productores de coca, Morales se opone a Estados Unidos en su lucha contra el cultivo de esta planta que sirve para la fabricación de la cocaí­na, y acusa al USAID de apoyar a los opositores de derecha.