Una gigantesca bandera republicana flamea, virtualmente, en la enorme pantalla que domina el escenario de la Convención partidaria en St. Paul, frente a la cual más de 2 mil delegados exhiben una parafernalia de símbolos en homenaje a su país y a John McCain.
Afectos a los símbolos y propensos a colocar su bandera en todo tipo de manifestaciones deportivas, culturales y políticas, los estadounidenses, y en este caso los que asisten a la reunión de St. Paul (Minnesota, norte), no escatimaron ideas para mostrar su adhesión al Partido Republicano.
«Me encanta vestirme de rojo, blanco y azul. Lo visto en cada ocasión que tengo», explica Sheron Johnson, una señora en sus 70 años, vestida de pies a cabeza con los colores de la bandera estadounidense.
Ataviada con su pollera azul, un chaleco con barras y estrellas, aretes y un prominente collar con banderitas estadounidenses, Johnson viajó a Minnesota desde Denver (Colorado, oeste), donde la semana pasada tuvo lugar la Convención demócrata.
Según ella, los símbolos que exhiben los republicanos son para mostrar que «el país es primero, el partido segundo», una expresión que recuerda una frase de McCain que recibió respuesta de su rival demócrata, Barack Obama, quien contestó: «Todos ponemos a nuestro país primero».
En la entrada del Xcel Energy Center, el estadio de hockey reacondicionado para recibir a los republicanos, se observa un gran revuelo mientras un mar de gentes, visiblemente más bronceadas que el resto de la concurrencia, atrae todas las miradas.
La delegación de Florida (sureste) llegó de pantalones cortos, gorritos de sol y camisetas coloreadas, con todos los nombres de las ciudades y las principales atracciones turísticas del llamado «estado del sol».
«Cada uno trata de mostrar un poquito del país», explica Michelle McGann, una jugadora profesional de golf que forma parte de la delegación.
En los pasillos, los sombreros de cowboy texanos se mezclan con collares luminosos y la imagen, repetida al infinito, del elefante símbolo al Partido Republicano, que por doquier aparece sobre los muros del recinto para indicar con su trompa hacia dónde deben dirigirse los delegados.
Corbatas con imágenes alusivas a los republicanos, los conocidos gorros del «Tío Sam», y escarapelas con fotografías de McCain y de otras figuras como el fallecido presidente Ronald Reagan (1981-1989), aparecen por donde se mire.
Dotti Eager, una anciana de Grand Valley (Texas, sur) lleva no menos de 100 escarapelas o «pins» adheridos a su camisa y a su sombrero.
«Colecciono desde 1976», explica, recordando la primera de las tres Convenciones republicanas a las que asistió, en aquel entonces para la nominación de Gerald Ford, luego derrotado por el demócrata Jimmy Carter.
En St. Paul, espera obtener algunas nuevas escarapelas intercambiando con otros aficionados.
Afectada por el impacto del huracán Gustav, que llevó a reducir las actividades al comienzo del evento, la Convención republicana parece retomar impulso poco a poco en St. Paul.
Pero las miradas siguen atentas a la situación en el Golfo de México y en particular a Nueva Orleans, ciudad que tras la tragedia del huracán Katrina en 2005, para muchos es también un símbolo que recuerda las críticas a la gestión de un presidente cuya imagen brilla por su ausencia en la Convención.