Los pastores palestinos, abrumados por sequí­a y por restricciones israelí­es


Unos jóvenes palestinos observan a unos caminantes al otro lado de la reja de la Franja de Gaza. El bloqueo israelí­ ha afectado las actividades económicas de los palestinos.

Tres años de sequí­a y de restricciones israelí­es a la trashumancia han sumido a los pastores palestinos en una de las peores crisis de su historia.


«Lo único que nos queda es la esperanza», afirma Musa Abdalá Awad, de 49 años, mientras echa un vistazo a la poca agua de una cisterna con la que espera mantener vivas a sus cabras, al menos a corto plazo.

A su alrededor se alza un paisaje desolador, formado por polvo, rocas y pobreza.

Con más de un centenar de cabras, Awad es más afortunado que muchos de sus colegas de las casas de las colinas de Hebrón, una región del sur de Cisjordania muy golpeada por la sequí­a.

«Hay personas acostumbradas a la vida dura, pero ahora están a punto de derrumbarse», explica Helge Kvam, portavoz del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), a cargo de la ayuda de emergencia.

La mayor parte de la región se vio privada de lluvia durante el último invierno, al igual que Israel.

En las colinas de Hebrón, la crisis se ensaña con ellos de forma brutal debido a la falta de pasto y de acceso al agua.

«Tení­an por costumbre llevar su ganado a pacer a cualquier sitio de Cisjordania e incluso a Jordania», recuerda Mohammed Cheij Ali, experto económico ante la Cruz Roja.

«Ahora las zonas de pastoreo están limitadas a algunos kilómetros», agregó, señalando con el dedo las tierras áridas que le rodean.

Las colonias israelí­es, las zonas militares, los controles de carretera que trocean Cisjordania, además del sistema de permisos de entrada expedidos por Israel, impiden a los pastores ir a zonas herbosas o acceder a las fuentes de agua, según las organizaciones humanitarias.

A unos 10 km de la casa de Awad, una colonia israelí­ impide llegar a Yatta, la localidad palestina más cercana donde los camiones cisterna están llenos.

Para ir a Yatta, los pastores deben desviarse y cruzar un camino polvoriento que el ejército israelí­ cierra de vez en cuando para impedir la infiltración de palestinos en Israel.

Las colinas áridas que rodean la casa de Awad, en la aldea de Isfey Foqa, han sido declaradas «zonas militares cerradas» por Israel.

Sobre el terreno, el puñado de palestinos que conducen tractores para aprovisionarse se exponen a perder su permiso de conducir, o incluso sus vehí­culos.

Todo ello provocó un alza espectacular de los precios del agua y del forraje.

La situación se ha deteriorado hasta el punto de que el 10% de los 2,3 millones de habitantes palestinos de Cisjordania consume menos de 10 litros de agua por dí­a, según un reciente informe de la ONU, pese a que la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que hacen falta entre 50 y 100 litros diarios.

El CICR suministró agua en julio a mil palestinos y a sus 50 mil ovejas en la región de Hebrón, pero esta ayuda no resuelve el problema.

«Lo que necesitamos son cambios radicales», explica el portavoz del CICR, Helge Kvam.

En la región de Hebrón la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCAH) de la ONU contabiliza 226 obstáculos que bloquean el acceso al agua.

Israel sostiene por su parte que este sistema impide atentados palestinos.

El aumento del precio de los carburantes y de los forrajes, así­ como la competencia de la carne importada, han agravado los males de los pastores que ya solí­an quejarse de ataques de los colonos cuando llevaban a pacer sus rebaños cerca de las colonias israelí­es.