«Vi el cuerpo de mi papá y los perros ya lo estaban comiendo»


Ví­ctimas del conflicto armado interno esperan encontrar a sus familiares desaparecidos.

A 12 años de la firma de la Paz, las ví­ctimas del conflicto armado interno esperan reencontrarse con los familiares y amigos, de quienes se separaron durante los asaltos a las comunidades civiles.

POR JAVIER ESTRADA TOBAR

jestrada@lahora.com.gt

Después de permanecer escondido durante más de dos dí­as en el bosque, sin alimentos y bebidas sustanciales, Miguel López regresó a su pueblo, que recientemente habí­a sido atacado «por los uniformados».

Javier Estrada Tobar
lahora@lahora.com.gt

Después de permanecer escondido durante más de dos dí­as en el bosque, sin alimentos y bebidas sustanciales, Miguel López regresó a su pueblo, que recientemente habí­a sido atacado «por los uniformados».

López recuerda que el ataque más intenso a la aldea Saltí­n Grande en Nebaj, Quiché, fue en julio de 1982, cuando las fuerzas represivas estatales asesinaron a centenares de personas y acabaron con las humildes viviendas y los pocos bienes que poseí­an.

Al ver a sus familiares decapitados y estrangulados en el piso, no le quedó más que buscar a las personas que agonizaban para ayudarlas a sobrevivir, o para hacer más corto su sufrimiento.

«No se me olvida cuando vi el cuerpo de mi papá tirado en el piso y los perros ya los estaban comiendo», señala.

En una tarde lluviosa de tristeza, humillación y dolor, López asegura que también se vio invadido por la intriga, al no encontrar el cuerpo de los niños que viví­an en la aldea, incluyendo el de su hermano José, quien en ese entonces tení­a 5 años.

Impacto profundo

El conflicto armado interno marcó para siempre la vida de miles de personas, incluyendo las de niñas, niños y jóvenes.

Según lo demuestran los estudios históricos, de las 45 mil personas desaparecidas que clasificó la Comisión de Esclarecimiento Histórico en sus expedientes, un aproximado de cinco mil fueron niñas y niños.

A criterio de Marco Antonio Garavito, director de la Liga de la Higiene Mental, una buena cantidad de menores de edad fueron utilizados durante la guerra interna como un elemento fundamental de las estrategias de ataque contra la población civil.

También existen indicios de que los menores de edad fueron utilizados en «el negocio» de las adopciones anómalas, del cual se estima que se recogieron importantes ganancias para los traficantes de personas durante la época de guerra.

López y decenas de ví­ctimas de la guerra esperan encontrar a los niños y niñas que fueron desparecidos durante los ataques a las comunidades rurales, que se vieron seriamente afectadas por los ataques militares.

Esperanza

Según Garavito, los familiares de las ví­ctimas no deben perder la esperanza de encontrar a sus seres queridos, ya que hasta la fecha se ha identificado más de cien casos de jóvenes que fueron dados en adopción en el extranjero.

Todo apunta a que se llevó a cabo un negocio de adopciones bien articulado durante la guerra interna, señala Garavito, ya que la mayorí­a de los niños y niñas adoptados salieron del paí­s con facilidad hacia paí­ses de Europa y Norteamérica, y ahora viven con sus familias adoptivas.

En el contexto del Dí­a Nacional de las Niñas y los Niños Ví­ctimas del Conflicto Armado Interno, el Centro de Acción Legal en Derechos Humanos presentó el caso de de desaparición forzada cometida contra Marí­a Tiú y su hija Josefa Tiú.

«No se me olvida cuando vi el cuerpo de mi papá tirado en el piso y los perros ya los estaban comiendo»

Miguel López,

sobreviviente

CONMEMORACIí“N


En el Palacio Nacional de la Cultura se realizó el cambio de la rosa del Monumento a la Paz, para honrar a las ví­ctimas de desaparición y recordar a quienes fueron objeto de adopciones anómalas.

Contrario a los sentimientos de miles de ví­ctimas que perdieron la esperanza de encontrar a sus familias desaparecidas, aún existen personas como Miguel López, quien pese al sufrimiento que marcó su vida, conserva la expectativa de reunirse con sus seres queridos.