Al fin de cuentas… los cambios


«Si quieres cambiar al mundo cámbiate a ti mismo» Gandhi

Este mes se cumple un año desde que comencé a escribir en el Decano del periodismo en Guatemala. Doce meses se dice nada, cuarenta y tantas columnas a lo mejor no es demasiado, pero para alguien como yo que del análisis radial tuvo la tremenda oportunidad de iniciar su camino al análisis escrito por la puerta grande en La Hora, doce meses han sido un verdadero honor.

Lic. Carlos Escobedo

En más de alguna ocasión me he cuestionado sobre la verdadera razón de escribir y de analizar, desde las consideraciones del ego, pasando por la catarsis, hasta el del interés en aportar a mi paí­s, reflexionando una y otra vez sobre la necesidad del cambio sembrados por los jesuitas en mi personalidad eléctrica, que sin duda me han marcado, al punto que mi esposa y mis hijos me digan: «Vos ni dormido estás tranquilo»

He de confesar que por mis columnas más de algún amigo, medio en broma y bien intencionado me haya cuestionado de porque escribo «tan fumado» o «Â¿a mi para que me interesa saber sobre la India y Cachemira si aquí­ estamos bien fregados?»

Sobre esas criticas citadinas guatemaltecas, desde mi conciencia critica de ciudadano del mundo y como politólogo caben diversas reflexiones que considero una vez mas tener en consideración.

No somos la única nación del mundo con problemas estructurales y sociales, dentro del contexto habrá que entender que como nación nuestros males si bien es cierto se encuentran vinculados a contextos históricos tienden a tener profundas raí­ces regionales y repercusiones en doble ví­a en el sistema internacional, por ello entendiendo y analizando otras realidades seremos capaces de entender y analizar las propias. No todo lo malo que sucede, sucede en Guatemala, los guatemaltecos poseemos un altí­simo potencial, potencial que lamentablemente en algunos casos no sabemos rescatar por permanecer en la lamentación constante. Tenemos un gran paí­s, pero ante todo tenemos tremendos ciudadanos guatemaltecos, la riqueza nacional radica precisamente en nosotros.

Una agenda nacional que incluye transformación, polí­ticas públicas efectivas, resolución de conflictos, cambios estructurales requiere no solamente de liderazgo sino de visión estratégica que traspase los lí­mites del tiempo y del espacio y que sea capaz de reconocer y reconocerse en otros espacios. Por ello, soy de los que defiende la efectividad de una polí­tica internacional que coadyuve en el esfuerzo de una polí­tica nacional.

A lo largo de estos años he aprendido una regla básica imperceptible en las relaciones internacionales, la de la supervivencia. Las sociedades tienden a ver su conflictividad como una conflictividad exclusiva, entendiendo las razones del conflicto y del pánico directo, las sociedades tienden a magnificar su realidad y considerarla exclusiva en la medida que se alejan del contexto de otras realidades.

No soy de los que considera que lo que escribe tiene que ser cierto o verdad absoluta, todo lo contrario, cada columna para mí­ es un ejercicio abierto de ideas y de debates. Esta vez al cumplir un año de escribir en La Hora, habré de plantear nuevos retos, prometo iniciar un proceso monográfico de conocimiento sobre diversas realidades, dejando de lado la narrativa, habré de intentar analizar los antecedentes, los actores para con ello generar prospectiva.

En este primer aniversario, como regalo, me comprometo a no considerar los males que nos aquejan como únicos, a dejar de lado la victimización, pero ante todo como dirí­a Gandhi, a cambiar… no sólo para generar los cambios en la edificación de un mundo mejor sino para evadir la crí­tica sin contenido.