No cabe ni la menor duda, de que la situación del país es cada vez más delicada. No cabe ni la peor duda, de que la población se ve sujeta a una presión también cada vez más penosa y preocupante. Ni cabe también la menor duda de que la población reciba con enojo las noticias que se repiten día a día, sobre una enorme corrupción que se destapa a todos los niveles. Reacción lógica, cuando se pasan cada vez más problemas en sobrevivir a la situación económica, mientras en las filas del gobierno pareciera que se viviera en una eterna jauja.
Por donde quiera que trate de volver los ojos, allí se encuentra la podredumbre de una sociedad que ya no puede encontrar aire libre donde respirar. Y la Prensa se encarga con sus noticias de investigación de enrarecer más aún el ambiente, cumpliendo con su objetivo de ser vehículo para la creación de opinión. Opinión que, valga también decirlo, lleva la consigna de los intereses del medio que maneja la información. Y es aquí, precisamente, en donde me llama la atención, no porque no sea cierta la corrupción que se señala, sino porque las baterías pesadas pareciera que estuvieran dirigidas hacia terminar de convencer a la población que el gobierno del ingeniero Colom, no da pié con bola. Porque se destacan los hechos que contribuyen a fortalecer esa idea, mientras no se dice ni se denuncia nada de la importancia de los cada vez más poderosos intereses que giran alrededor de la explotación de los recursos naturales del país, algunos de ellos de carácter estratégico, bajo las infames condiciones que heredara la malhadada presencia en la política nacional del reyecito Arzú.
Hemos visto como la presencia de los intereses de Soros, impulsados por su aliado y paisano Eddy Stein promovieron contra viento y marea la explotación de las minas de oro en San Marcos. Hemos visto como, también de una manera infame y torpe, se reinicia la explotación de níquel, sin que se aproveche la inmejorable posición de importancia que tiene Guatemala a nivel mundial. Hemos visto como la Cargill se posiciona en la región de Ixcán e inicia un proyecto de producción de palma africana. En Petén, los pozos petroleros, siguen cerrados para los intereses nacionales, mientras se mantienen como reserva para los extranjeros. Vemos cómo se multiplican las inversiones en generación de energía, misma que no representa la posibilidad de usarla para nuestro desarrollo, sino para aumentar la carga de la difícil situación económica del guatemalteco.
Así, sin tener la posibilidad de utilizar los recursos del país para beneficio de los guatemaltecos, vemos cómo el gobierno de la hermana Honduras toma la valiente decisión de buscar en el sur el apoyo a su desarrollo, sumándose a los países que conforman el ALBA, aumentando el número de aquellos que han decidido y apostado por la cada vez más sólida integración latinoamericana.
Es ahí, precisamente, donde aparece el Plan Mérida, el que, ante la imposibilidad de conformación del ALCA como estaba planeado y para lo que habían «acordonado» de bases militares la América Latina, sea el vehículo que controle, no el narcotráfico que ellos mismos manejan, sino los recursos naturales que son explotados para beneficio de sus transnacionales, habiéndonos quedado como parte del ALQUITA que conforma un grupito de países encabezados por Colombia y México.
Para la oligarquía criolla y mundial, no es ningún secreto el que nuestra Patria se encamina cada vez con mayor fuerza hacia una presencia popular que exige cambios. Saben que esa olla que ha estado tapada a la fuerza no tiene otra reacción más que hacer saltar la tapa. Que han ido demasiado lejos en el mantenimiento hacia la población, de unas condiciones cada vez más inhumanas. Saben que la población, especialmente aquella descendiente de las influencias mayas, olmecas y náhuatls, han ido tomando cada vez más conciencia de su propio valor. Saben que las reacciones populares a las condiciones mantenidas, están a la «vuelta de la esquina» y temen que esas reacciones puedan llevar al país en la dirección, no solamente correcta, sino contraria a la que sus intereses han mantenido por siglos, sin importar las necesidades de la población.
Y allí es donde presiento el «gato encerrado». En donde las baterías que aparentemente están dirigidas a aumentar la sensación de que el gobierno «social demócrata» de «izquierda» del presidente Colom no funciona, sino hacia los movimientos populares que se expresarán cada vez con mayor decisión y fuerza en busca de una respuesta real y efectiva a las carencias del pueblo. So pretexto de combate al narcotráfico, preparan mentalmente al Ejército, para que identifique a los movimientos populares como un peligro. ¡Y ese es el peligro!