Tradicionalmente cuando cada uno de los dos partidos políticos más importantes de Estados Unidos realizan sus respectivas convenciones, el candidato nominado goza de una ola de popularidad resultado de la extraordinaria cobertura que recibe de todos los medios pero especialmente de la televisión que difunde los discursos que se programan para ser pronunciados en el horario estelar para el público norteamericano. En realidad siempre ocurre lo mismo y al finalizar cada convención, tanto demócratas como republicanos cosechan los efectos de esa cobertura de la prensa, quedando así definida la plataforma para la intensa lucha que en poco más de dos meses deberá dilucidarse con la elección de noviembre.
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Esta es la semana de Obama y tras su decisión de postular a la Vicepresidencia al también senador Joe Biden, la atención general estará centrada en los discursos de su esposa y de los Clinton, además de lo que los dos senadores, Obama y Biden, puedan decir en sus respectivos discursos al aceptar la nominación.
El tema que está cobrando más relevancia ahora está en la forma en que los demócratas tendrían que reaccionar al ataque que plantean los republicanos en términos de cuestionar la capacidad de Obama para ser Presidente de los Estados Unidos. Los expertos consideran que John Kerry cometió un grave error estratégico al querer mantener una campaña de mucha altura, sin «rebajarse» a responder los ataques de Bush y de los grupos que le apoyaban, y ahora recomiendan a Obama que la mejor defensa es el ataque y se intuye que al designar a Biden, un hombre firme y decidido que no se anda con chiquitas para lanzar poderosos dardos, está marcando ya una tónica muy especial que puede indicar el futuro rumbo de la campaña.
La estrategia republicana está basada fundamentalmente en cuestionar la experiencia de Obama para conducir el país tanto en temas de seguridad interna, de las complejas relaciones exteriores y de la economía, mientras que hasta hoy los demócratas han tratado de amarrar la figura de McCain con la de Bush para que la impopularidad de éste afecte las aspiraciones de aquel, sobre todo en cuestiones puntuales como el manejo de la economía y el privilegio a los más ricos, pero lo han hecho en tono que al final resulta más bien defensivo porque indudablemente el candidato republicano ha sabido tomar la delantera con la virulencia de su mensaje que hasta ahora ha puesto al demócrata contra las cuerdas y perdiendo valiosos puntos en una etapa crucial de la campaña.
Personalmente me simpatizan los demócratas, pero no veo fácil su empeño por llegar a la Casa Blanca porque reconozco que la maquinaria de los republicanos es sumamente poderosa y efectiva para destruir a sus adversarios. Neurona por neurona, la diferencia entre Bush y Kerry era abrumadora, pero el primero se mostró como un perro de presa mientras el otro creyó que su aire intelectual sería suficiente para contrarrestar los ataques y pintar a sus adversarios como políticos sucios y tradicionales. La forma en que los republicanos explotaron el factor miedo y pintaron a Kerry como blando frente al terrorismo fue fatal para el demócrata y también para los norteamericanos que han tenido que soportar una de las peores conducciones de la economía de toda su historia.
Pero el manejo de los medios y el conocimiento de las pasiones que nublan la vista y la razón al electorado es indudablemente un capital republicano que no se puede pasar por alto y en esta semana veremos si Obama tiene madera para evitar que lo enrede la misma madeja que eliminó a Kerry.