Tragedia aérea será investigada


El aparato cayó en la finca El Tambor, barrio Lapuente, Cabañas, en el departamento de Zacapa.

Investigadores extranjeros llegarán al paí­s en las próximas horas, para ayudar a establecer las causas del siniestro, pues, de momento, se supone que una turbina falló y se apagó en pleno vuelo.


Diez muertos dejó la caida de una avioneta ayer en Zacapa.

En el avion viajaban nueve estadounidenses y cuatro guatemaltecos, confirmó el titular de la Dirección General de Aeronáutica Civil (DGAC) de Guatemala, Juan José Carlos. Los fallecidos son cinco estadounidenses y los cinco guatemaltecos, agregó.

«Los informes que nos han trasladado hasta el momento dan cuenta que en la aeronave viajaban guatemaltecos y estadounidenses, para hacer un total de 14 personas, entre pasajeros y tripulación», dijo.

Según los documentos oficiales, los fallecidos son los estadounidenses Alan Jensen, Zachary Jensen, Cody Odekirk, John Carter, Jeff Rette; así­ como los guatemaltecos Lidia Silva, Javier Rabanales, Walfred de Rabanales, la piloto, Mónica Bonilla y el copiloto Fernando Estrada.

En tanto, los heridos son las norteamericanas April Jensen, Sarah Marie Jensen, Denisse Redford Lilgen, Lisbeth Jhonson, quienes fueron trasladadas en helicópteros de la Fuerza Aérea Guatemalteca (FAG) a la capital, para recibir asistencia médica, de acuerdo con las autoridades.

Una de las sobrevivientes, Sarah Jensen, de 19 años, explicó que ella, su hermano, sus padres y otros ocupantes del avión habí­an llegado a Guatemala como parte de un programa de la organización no gubernamental Choice Humanitarian, desde Wisconsin, norte de Estados Unidos.

En tanto, Manolo Garcí­a, un habitante de la zona sostuvo que cuando escuchó el estruendo de la aeronave al estrellarse fue hasta el lugar del siniestro, a unos dos kilómetros de su vivienda, para ver qué habí­a ocurrido.

«Estaba en mi casa cuando oí­ el porrazo. Al llegar al lugar vi que una persona ya ayudaba a los heridos y también me dediqué a ayudar, creo que se hubieran salvado más personas, pero otras que llegaron a observar el accidente no quisieron acuerparnos (colaborar) por temor a una explosión», afirmó.

Y es que de acuerdo con Garcí­a, la aeronave no explotó al impactar en tierra, sino que fue una media hora después del hecho.

En ese sentido, Richard Calloway, gerente de la empresa Aerorutas Maya, propietaria de la nave siniestrada, confirmó que la piloto intentó aterrizar en una planicie, pero, supuestamente, en el camino encontró un pozo que provocó el desastre.

«La avioneta no explotó al impactar en tierra, sino después. El combustible derramado en el lugar hizo combustión, de lo contrario ninguna persona hubiera sobrevivido», indicó Calloway a periodistas locales, minutos después de regresar del lugar del accidente.

Y es que de acuerdo con el titular de la DGAC, la aeronave llevaba combustible para cuatro horas de vuelo y apenas tení­a media hora de haber despegado del aeropuerto La Aurora, ubicado en la periferia sur de la ciudad.
Calloway sostuvo que la aeronave era una avioneta monomotor Cessna Caravan 208, que tiene capacidad para 12 pasajeros y dos tripulantes, fue adquirida de fábrica hace cinco o seis años y es considerada una de las más seguras, sobre todo porque sus controles mecánicos estaban al dí­a.