La especulación con el hambre mundial ha provocado un desafío muy grande para la humanidad y para los movimientos sociales de los países. Hay quienes afirman que la crisis mundial es más devastadora que la gran depresión de los años 30, porque se han multiplicado las implicaciones geopolíticas, llegando en algunos casos a la destrucción de países enteros.
Desde la burbuja inmobiliaria, el deterioro del dólar (que dicen intencional), el alza del petróleo, la aceleración de la dinámica comercial de la China continental y La India, hasta la especulación de las grandes transnacionales con los precios de los alimentos y el sobreuso de la tierra para el cultivo de siembras con la finalidad de favorecer la producción de los agro combustibles; el mundo entero ha visto decrecer la capacidad adquisitiva de su dinero y en los países más pobres, mucha gente ya no tiene, literalmente, dinero para nutrirse.
No olvidemos que desde que la burbuja inmobiliaria se pinchó, los especuladores movilizaron sus capitales y rehabilitaron el antiguo paraíso económico: Los mercados de cereales. Dice Wim Dierckxsens, de la Sociedad Latinoamericana de Economistas Políticos, que se estima que estos fondos controlan 60 por ciento del trigo y altos porcentajes de otros granos básicos. La mayor parte de la cosecha de soya de los próximos años, ya está comprada como «futuro». Estos alimentos se han convertido en un
objeto más de especulación bursátil, cuyo precio se modifica (y aumenta)
en función de los jaloneos especulativos y no en función de los mercados locales o las necesidades de la gente.
La crisis alimentaria está ocurriendo mientras hay suficiente comida en
el mundo para alimentar a la población global. El hambre no es la
consecuencia de la escasez de alimentos sino al revés: en el pasado, los excedentes de alimentos en los países centrales fueron utilizados para desestabilizar las producciones de los países en desarrollo. Según la FAO, el mundo podría aún alimentar hasta 12 billones de personas en el futuro. La producción mundial de grano en 2007/2008 está estimada en
2108 millones de toneladas (un aumento de 4,7% comparado a la del
2006/2007). Esto supera bastante la media de crecimiento del 2% en la
pasada década. Aunque la producción permanece a un nivel alto, los
especuladores apuestan en la escasez esperada y aumentan artificialmente los precios. De acuerdo con la FAO el precio de los granos de primera necesidad se incrementó un 88% desde marzo de 2007.
Dice también Wim Dierckxsens, que mientras los especuladores y comercios de gran escala se benefician de la crisis actual, la mayoría de los/as campesinos/as y agricultores no se benefician de los precios altos. La tierra se torna más cara. La especulación con la tierra agrícola va en aumento. Los desalojos a menudo forzados son la consecuencia. Los campesinos que se mantienen cultivan los alimentos, pero la cosecha a menudo ya está vendida al que presta el dinero, a la compañía de insumos agrícolas o directamente al comerciante o a la unidad de procesamiento. Aunque los precios que se pagan a los campesinos han subido para algunos cereales, ese aumento es
muy poco comparado con los incrementos en el mercado mundial y a los
aumentos que se han impuesto a los consumidores.
En Guatemala la especulación persiste y deben encontrarse las herramientas para amortiguar la crisis o, habrá un serio aumento en las defunciones por desnutrición en el futuro inmediato.